Claro. Aquí tienes una continuación ficticia en español con tono de suspense:
La cocina permaneció inmóvil.
El vapor seguía elevándose desde el suelo mientras “El Huracán” comía tranquilamente de la olla, ignorando los rostros aterrados que lo rodeaban.
Entonces ocurrió algo extraño.
La joven se incorporó lentamente.
No lloraba.
No gritaba.
Ni siquiera parecía enfadada.
Se levantó con una calma inquietante, se limpió una gota de sopa de la mejilla y miró directamente a Sherif.
Por primera vez en mucho tiempo, alguien sostuvo su mirada sin apartar los ojos.
—¿Ya terminaste? —preguntó ella.
Algunos presos retrocedieron.
Algo en su voz no era normal.
Sherif soltó una carcajada.
—¿Y qué vas a hacer al respecto?
La chica metió la mano en el bolsillo de su uniforme y sacó una pequeña tarjeta de identificación.
La dejó caer sobre la mesa.
Uno de los guardias la vio y se quedó blanco como una pared.
Otro dejó caer las llaves al suelo.
El director de la prisión, que acababa de entrar por la puerta trasera, se quedó congelado.
—No puede ser… —murmuró.
Sherif frunció el ceño.
—¿Qué demonios está pasando?
La joven sonrió por primera vez.
—Mi nombre no es Nadia.
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