PARTE 2
Valeria despertó con el amanecer entrando entre cortinas beige. Estaba en una habitación privada, conectada a varias máquinas. Le ardía el abdomen, pero preguntó por su hija. —Camila está estable —respondió Rodrigo desde un sillón—. Respira sola y los estudios salieron bien. Tenía la ropa quirúrgica arrugada, ojeras y una venda en el brazo. Había donado sangre. —Quiero verla. —Necesitas descansar. —Nueve meses descansé sola de tu desprecio. Tráemela. Rodrigo no discutió. Alma entró con la bebé. Cuando Camila quedó sobre el pecho de su madre, el cuarto pareció detenerse. La niña buscó calor y cerró su mano alrededor del dedo de Valeria. Rodrigo observó desde lejos. —Tiene tus ojos. —Y sobrevivió sin tu apellido. Él bajó la cabeza. —Revisé los correos que me mandaste aquella noche. Nunca los abrí. También hablé con el contador. —¿Y ahora sí te pareció importante escuchar? Rodrigo sacó varias hojas. —Las fotografías estaban alteradas. Tú te reuniste con él para entregar pruebas. Mi madre desvió millones de la fundación y dos administradores la ayudaron. Todo era verdad. Valeria sintió una rabia fría. —Pasé el embarazo en el cuarto de servicio de una amiga. Trabajé cosiendo uniformes y vendiendo postres. Hubo días en que comí frijoles para dejarle a mi hija lo poco que tenía. ¿Y tú? —Te odié porque era más fácil que aceptar quién era mi madre. Rodrigo se arrodilló junto a la cama. —No tengo excusa. Fui cobarde y cruel. —Tus lágrimas no devuelven los meses en que Camila creció escuchándome llorar. La puerta se abrió. Beatriz Montiel entró con traje blanco, bolso caro y el perfume de siempre. Miró a la bebé con desprecio. —Así que la criatura sí es de la familia. Valeria abrazó a Camila. —No se acerque. —Ya hablé con los abogados. Si firmas un acuerdo de confidencialidad, recibirás una casa y dinero para desaparecer. La niña puede tener el apellido, pero tú no volverás. —Mi hija no está en venta. —Todos tienen precio. Rodrigo se puso de pie. —Tú falsificaste las fotos. Beatriz sonrió. —Tenía que protegerte. Esa mujer revisaba cuentas que no le correspondían. Solo necesité unas imágenes, unas lágrimas y tu orgullo. Tú hiciste el resto. El rostro de Rodrigo se derrumbó. —¿Arruinaste mi matrimonio para ocultar tus robos? —Salvé el patrimonio de los Montiel. Rodrigo sacó el teléfono. En la pantalla se veía una grabación activa. Beatriz perdió el color. —Apaga eso. —Debí apagar mi soberbia hace nueve meses. Entraron dos agentes de la fiscalía. —Beatriz Montiel, queda detenida por fraude, desvío de recursos y falsificación. Ella gritó, insultó a Valeria y quiso sujetarse de su hijo, pero Rodrigo se apartó. Cuando se la llevaron, él puso una carpeta frente a Valeria. —Aquí está lo primero que voy a devolverte. Dentro había un fideicomiso para Camila y la escritura de la casa donde Valeria había sido expulsada. Sin embargo, debajo apareció un tercer documento. Valeria lo leyó. Rodrigo palideció. La prueba demostraba que Beatriz había conocido la verdad desde mucho antes de aquella noche. ¿Qué creen que ocultaba ese documento y hasta dónde llegaban las mentiras de Beatriz? La última parte cambiará por completo esta historia.