PARTE 2: El día en que la mujer más temida de la prisión perdió el control

La prisionera más peligrosa humilló a la chica nueva delante de todo el patio… pero no imaginaba quién era Emma en realidad

## PARTE 1: El día en que la mujer más temida de la prisión perdió el control

El agua sucia se extendió por el suelo del patio, mezclándose con el polvo y dejando un charco oscuro justo delante de Emma.

Vanessa cruzó los brazos y sonrió.

—Vamos, princesa. Te he dicho que lo limpies.

Las mujeres sentadas en los bancos comenzaron a reír. Algunas golpeaban la mesa con las manos; otras observaban en silencio, esperando descubrir si la recién llegada tendría el valor de responder.

Vanessa llevaba ocho años en aquella prisión y se había ganado una reputación que nadie quería desafiar. Era fuerte, intimidante y sabía exactamente cómo encontrar las debilidades de las demás. Las nuevas reclusas aprendían rápidamente una regla: si Vanessa te elegía como objetivo, debías obedecer o prepararte para sufrir las consecuencias.

Pero Emma no parecía comprender aquella regla.

La joven miró el charco, después el cubo vacío y finalmente a Vanessa.

No gritó.

No lloró.

Tampoco bajó la cabeza.

Simplemente dejó la fregona apoyada contra el suelo.

—¿Qué pasa? —se burló Vanessa—. ¿Se te olvidó cómo trabajar?

Emma respiró profundamente.

—No. Solo estoy esperando que termines de hablar.

La sonrisa de Vanessa desapareció por un instante.

Nadie había respondido así a aquella mujer desde hacía mucho tiempo.

—¿Qué has dicho?

—Que ya te he escuchado.

Una de las amigas de Vanessa se levantó inmediatamente.

—¡Será mejor que aprendas con quién estás hablando!

Emma ni siquiera la miró.

Sus ojos seguían fijos en Vanessa.

—Sé perfectamente con quién estoy hablando. La pregunta es si tú sabes con quién estás hablando.

El patio quedó en silencio.

Vanessa soltó una carcajada, aunque sus ojos ya no mostraban diversión.

—Escúchame bien, niña. Aquí fuera no tienes amigos, no tienes dinero y no tienes a nadie que venga a salvarte. Si quiero que limpies este patio diez veces, lo harás diez veces.

Emma se agachó, recogió el cubo y lo colocó junto a un banco.

Después tomó la fregona y empezó a limpiar el agua.

Las carcajadas regresaron.

Vanessa sonrió satisfecha. Creyó que había ganado.

Pero mientras Emma pasaba la fregona, pronunció unas palabras tan bajas que solo la mujer tatuada pudo escucharlas.

—Disfruta de este momento. Puede que sea la última vez que alguien tenga miedo de ti.

Vanessa se inclinó hacia ella.

—¿Me estás amenazando?

Emma levantó la cabeza.

—No. Te estoy dando la oportunidad de detenerte.

Vanessa le arrebató la fregona de las manos y la lanzó al suelo.

—¡Yo decido cuándo termina esto!

Después empujó el cubo con el pie. El agua restante salpicó los zapatos de Emma.

Las reclusas se levantaron de sus bancos. Algunas querían ver una pelea; otras comenzaron a retroceder para evitar problemas.

Desde la torre de vigilancia, un guardia observaba la escena.

—Tenemos problemas en el patio —anunció por radio.

Pero antes de que pudiera dar la orden de intervenir, Emma hizo algo que nadie esperaba.

Se quitó lentamente los guantes de limpieza, los dejó encima del banco y miró directamente a Vanessa.

—Está bien —dijo—. Si eso es lo que necesitas, vamos a terminarlo.

Vanessa sonrió.

No sabía que aquellas palabras marcarían el principio del final de su poder.

Porque Emma no había llegado a aquella prisión por un error, ni por una pelea callejera, ni por un delito relacionado con el dinero.

Había llegado allí después de que una operación policial terminara con su vida anterior.

Y el nombre que aparecía en su expediente no contaba ni la mitad de la historia.

## PARTE 2: La mujer que nunca hablaba de su pasado

Tres semanas antes, Emma había llegado a la prisión estatal de mujeres de Blackwood.

Tenía veintisiete años, el cabello negro hasta los hombros y una pequeña cicatriz cerca de la ceja izquierda.

No llevaba fotografías de su familia.

No preguntó cuánto tiempo tardaría en recibir visitas.

Tampoco quiso llamar a nadie.

Durante el registro inicial, una funcionaria revisó su expediente y frunció el ceño.

—¿Trabajabas en seguridad privada?

—Sí —respondió Emma.

—Aquí dice que recibiste entrenamiento especializado.

—Hace tiempo.

La funcionaria pasó otra página.

—También dice que renunciaste después de un incidente durante una operación.

Emma guardó silencio.

—¿Quieres explicar lo que ocurrió?

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