PARTE 2: LA MUJER QUE TODOS SUBESTIMARON

—¿Mamá?

La copa de champán resbaló de los dedos de Ethan y se hizo añicos contra el suelo.

Treinta invitados guardaron silencio.

Vanessa todavía sostenía la manguera.

—¿Qué acabas de decir, cariño? —preguntó nerviosamente.

Ethan no respondió.

Atravesó el césped, se arrodilló junto a mí y me ayudó a levantarme.

—¡Mamá! ¿Quién te hizo esto?

Le acaricié suavemente la mejilla.

—Estoy bien, hijo.

Pero Ethan vio mi ropa empapada, el barro sobre mis rodillas y las lágrimas que intentaba contener.

Entonces miró a Vanessa.

—¿Fuiste tú?

Ella soltó una risa incómoda.

—Ethan, amor, todo fue un malentendido. Esta mujer entró sin invitación y…

—Es mi madre.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Patricia Mitchell dejó caer su servilleta.

George retrocedió un paso.

Y yo observé cómo el miedo reemplazaba lentamente el desprecio en sus ojos.

—Señora Carter… —balbuceó Vanessa—. No sabía quién era usted.

La miré fijamente.

—Ese es precisamente el problema.

Ethan se quitó la chaqueta y la colocó sobre mis hombros.

—Mamá, debiste llamarme.

—Quería conocer a la mujer con la que ibas a casarte.

Vanessa se acercó rápidamente.

—Puedo explicarlo.

Saqué mi teléfono de la bolsa.

La grabación seguía funcionando.

—No será necesario.

Presioné reproducir.

Su voz resonó por todo el jardín.

«No permitimos que personas como usted entren en celebraciones destinadas a familias respetables».

Después se escuchó el agua.

Las risas.

Y la amenaza contra el camarero que había intentado ayudarme.

Ethan cerró los ojos.

Cuando volvió a abrirlos, su expresión había cambiado.

—Vanessa, la fiesta terminó.

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