Parte 2
No dije nada durante el camino de regreso al río.
Martha avanzaba delante de mí con una linterna antigua en una mano y una caja de madera en la otra.
Yo llevaba aquella túnica áspera pegada al cuerpo.
Cada vez que caminaba, las fibras rozaban mi piel.
Cabello.
Por más que intentaba convencerme de que debía tratarse de algún material vegetal, mi cerebro regresaba una y otra vez al mismo pensamiento.
Aquello era cabello humano.
— ¿De quién es? —pregunté finalmente.
Martha continuó caminando.
—Te dije que no preguntarías.Y yo le estoy diciendo que no pienso seguirla hasta un río donde acaba de morir mi marido vestida con algo hecho de pelo sin saber para qué sirve.
Se detuvo.
Giró lentamente.
—Porque flota.
—¿Qué?
—Eso es todo lo que necesitas saber esta noche.
Siguió andando.
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