¿POR QUÉ CUITLÁHUAC NO EXTERMINÓ A CORTÉS DESPUÉS DE LA NOCHE VICTORIOSA? EL MITO DEL “ERROR TÁCTICO”
Después de la arrastrada militar que los mexicas le pusieron a los españoles el 30 de junio de 1520, mucha gente se pregunta: ¿Por qué Cuitláhuac dejó ir vivos a Cortés y a los sobrevivientes hacia Tlaxcala? ¿Por qué no los persiguió y los aniquiló de una vez por todas?La historia de bronce escolar y los hispanistas siempre dicen que fue un “grave error de novato” o indecisión. Pero eso es juzgar Anáhuac con las reglas de la guerra europea. Cuitláhuac no cometió ningún error; actuó bajo la fría lógica del derecho militar mesoamericano y la urgencia de Estado. Aquí les dejo las verdaderas razones de peso:
El restablecimiento urgente de la ciudad (Prioridad de Estado):
Tenochtitlan venía de meses de crisis absoluta bajo el secuestro de Moctezuma y la hambruna provocada por el sitio español dentro de los palacios. Tras la Noche Victoriosa, la prioridad número uno de Cuitláhuac y el Tlahtocan (Consejo Supremo) no era perseguir a un enemigo ya derrotado y en desbandada, sino restablecer el orden del altépetl. Había miles de cadáveres flotando en los canales que amenazaban con contaminar el agua y generar epidemias, los templos sagrados habían sido profanados y destruidos por Alvarado, y las calzadas e infraestructura hidráulica estaban destrozadas. Militarmente, dejar la capital indefensa y desorganizada para ir a cazar extranjeros al monte era una pésima idea.
La guerra mesoamericana no era de aniquilación total:
Para los mexicas, la guerra (yaoyotl) tenía reglas políticas y rituales muy estrictas. El objetivo del combate no era borrar del mapa al enemigo ni exterminar hasta el último hombre en una persecución desesperada (eso era visto como una barbarie sin sentido). El fin de la guerra era demostrar la superioridad militar en el campo de batalla para obligar al rival a firmar un pacto tributario. Cuitláhuac consideró que, al haber expulsado a los invasores de la ciudad, haberles matado a más del 60% de sus tropas y quitado toda su artillería, los españoles ya habían sido vencidos y entendidos bajo las leyes locales. En la lógica de Anáhuac, Cortés ya no era una amenaza inmediata; era un remanente derrotado.
El protocolo diplomático con Tlaxcala:
Cuitláhuac sabía perfectamente que Cortés huía hacia territorio tlaxcalteca. En lugar de iniciar una persecución militar violenta que violara fronteras, el Tlatoani aplicó la diplomacia estándar: envió embajadas oficiales a los gobernantes de Tlaxcala (como Xicoténcatl el viejo) ofreciéndoles una alianza de paz, la condonación de tributos y la restitución del comercio si les entregaban las cabezas de los españoles sobrevivientes. Cuitláhuac confió en el derecho mesoamericano y en que Tlaxcala vería que los españoles ya no eran útiles como aliados militares. La historia cambió porque el senado tlaxcalteca, tras intensos debates internos, decidió mantener el pacto con Cortés para destruir definitivamente la hegemonía mexica, algo que rompió con las dinámicas tradicionales de la región.
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