Parte 5: El reencuentro
El viaje a Veracruz fue largo.
Nadie habló mucho.
Ofelia iba con la mirada perdida, apretando la medalla en su mano como si fuera un ancla.
Cuando llegaron, lo vio.
Tomás.
Salía de una farmacia, con una niña pequeña de la mano.
Exactamente como en la foto.
El tiempo se detuvo.
—Es él… —susurró.
Su corazón latía con fuerza, pero sus pies no se movían.
—¿Vas a acercarte? —preguntó Arturo.
Ofelia dudó.
Por primera vez… tuvo miedo.
No de la verdad.
Sino del rechazo.
Tomás levantó la mirada por casualidad.
Sus ojos se cruzaron.
Y algo pasó.
Algo inexplicable.
Como si una parte de ambos se reconociera sin entender por qué.
Ofelia dio un paso.
Luego otro.
Hasta quedar frente a él.
—Perdón… —dijo con voz temblorosa—. ¿Te llamas Tomás?
—Sí.
—Yo…
Las palabras no salían.
¿Cómo se dice algo así?
¿Cómo se rompe una vida con una sola frase?
Respiró hondo.
—Yo soy… tu madre.
El mundo se detuvo otra vez.