El funeral quedó suspendido en un silencio insoportable. Sebastián caminó hacia Valeria sin apartar la vista del sobre.
—¿Qué hay ahí?
—Diez años de una verdad que nunca quisiste escuchar.
Valeria sacó primero los resultados de 5 pruebas de ADN realizadas por un laboratorio independiente. Sebastián leyó su nombre, volvió a mirar a los niños y se llevó una mano a la boca.
—¿Son… los 5?
—Tus hijos.
Beatriz reaccionó de inmediato.
—Cualquiera puede falsificar papeles. Esta mujer siempre ha sabido manipular.
Valeria no levantó la voz. Extrajo la antigua factura del hotel con la firma que supuestamente demostraba su infidelidad y la colocó junto a una fotografía de seguridad. En la imagen aparecía Beatriz en la recepción, entregando un formulario a una empleada.
La tía Elena, hermana de don Arturo, se acercó y observó el documento.
—Esa letra es tuya, Beatriz.
—No sabes lo que dices.
Entonces Valeria mostró una declaración notariada de Lorena Salgado, la antigua recepcionista. La mujer confesaba que Beatriz le pagó para ingresar una reservación falsa y afirmar que Valeria había estado con otro hombre. También admitía que un abogado de la familia le entregó dinero en efectivo.
Sebastián leyó cada línea con las manos temblando.
—Mamá, dime que esto no es cierto.
Beatriz se aferró a su bolso.
—Lo hice para protegerte. Ella no pertenecía a nuestra familia. No tenía educación, apellido ni relaciones. Iba a convertirte en un hombre mediocre.
—Estaba embarazada.
Beatriz miró a Valeria durante apenas un segundo. Fue suficiente.
—Tú lo sabías —dijo Sebastián.
—Sabía que decía estar embarazada. Pensé que quería atraparte.
—¡Eran mis hijos!
—Eran un problema que debía resolverse.
Sofía retrocedió como si la frase la hubiera golpeado. Mateo se colocó frente a sus hermanos, intentando protegerlos. Sebastián lo vio y comprendió que su hijo mayor había ocupado durante 10 años el lugar que él abandonó.
—Papá murió sin saber que tenía 5 nietos —murmuró.
Beatriz endureció el rostro.
—Tu padre era débil. Habría caído en su juego.
La tía Elena le dio una bofetada seca.
—No hables de mi hermano junto a su tumba.
Nadie defendió a Beatriz.
Sebastián se volvió hacia Valeria con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Por qué nunca me dijiste la verdad?
Ella sostuvo su mirada.
—Te la dije. Tú elegiste creerle a una factura.
Las palabras lo derrumbaron más que cualquier prueba. Sebastián recordó a Valeria con una mano sobre el vientre, suplicándole 10 minutos para hablar. Recordó haber salido de la habitación mientras ella lo llamaba.
Pero Valeria aún no había terminado.
Del sobre sacó una copia de la carta que don Arturo le había enviado años atrás. Al reverso había una nota reciente, escrita por un notario: don Arturo había dejado instrucciones selladas para que, si alguna vez aparecían descendientes de Sebastián, se abriera un expediente privado.
—¿Qué expediente? —preguntó Beatriz, ahora pálida.
Un automóvil negro se detuvo junto a la entrada. Bajaron una abogada y un notario con una carpeta de piel. El hombre levantó la vista hacia Sebastián.
—Su padre descubrió irregularidades antes de morir. Esta carpeta contiene el verdadero motivo por el que su madre necesitaba expulsar a Valeria de la familia.
Beatriz intentó marcharse, pero Elena bloqueó el camino.
El notario abrió la carpeta y pronunció una sola frase:
—No se trataba únicamente de separar un matrimonio; había millones de pesos en juego.
¿Crees que Beatriz actuó solo por clasismo o escondía algo todavía peor? Deja tu predicción antes de leer la parte final.
PARTE 3 Para obtener más información,continúa en la página siguiente