Este gratinado picante de zanahoria y calabacín es mi arma secreta para que toda la familia coma verduras sin protestar. Suave pero aromático, equilibra a la perfección la ternura del calabacín, el dulzor de las zanahorias y las especias, dando como resultado un plato reconfortante y fácil de preparar.
Por qué te encantará esta receta
Utiliza verduras comunes que probablemente ya tengas en tu nevera.
Un aroma sutil gracias al pimentón y al comino, sin ser demasiado intenso.
Ideal para una comida vegetariana completa que encantará a todos.
Textura suave y ligera gracias a los huevos y la harina.
Se puede preparar con antelación y se recalienta perfectamente.
Recuerdo haber preparado este gratinado un domingo a la hora del almuerzo con mi sobrina, que se quejaba de no comer verduras. Desde entonces, siempre me pide la receta cuando viene a casa.
Ingredientes
Zanahorias frescas: elegidas firmes y de buen color para aportar dulzor y textura.
Calabacines: firmes y brillantes para asegurar un gratinado sin agua.
Cebollas amarillas o blancas: proporcionan una base dulce que realza las verduras.
Huevos orgánicos: para una textura ligera y un sabor más intenso.
Harina de trigo tamizada: ayuda a ligar todos los ingredientes; evite la harina muy vieja para obtener una mezcla sin grumos.
Vino blanco seco: realza los aromas más sutiles; elige un vino de mesa básico pero decente.
Aceite de oliva virgen extra: para un sabor afrutado y para evitar que el gratinado se seque.
Levadura en polvo fresca: aporta ligereza, pero presta atención a la fecha de caducidad.
Pimentón dulce: un polvo de color rojo brillante que aporta color y sabor; elija una marca de calidad.
Comino molido: aporta calidez y carácter.
Sal y pimienta recién molidas: esenciales para realzar los sabores.
Instrucciones detalladas
Precalentar el horno:
Precalienta el horno a 180 grados Celsius para que esté bien caliente cuando el gratinado esté listo para introducirlo. Esto es fundamental para una cocción uniforme.
Preparación de verduras:
Pela bien las zanahorias antes de rallarlas para que se cocinen de manera uniforme. Haz lo mismo con los calabacines, dejando la piel si es fina; esto les aporta color y sabor.
Preparación de las cebollas:
Pica finamente las cebollas; así se integrarán bien a la mezcla y no quedarán trozos grandes. Elige una tabla de cortar estable para poder picarlas sin quemarte.
Sudando las cebollas:
En una sartén caliente, vierte un chorrito de aceite de oliva y sofríe las cebollas suavemente hasta que estén transparentes y tiernas, removiendo con frecuencia para evitar que se doren demasiado. Deja que se cocinen a fuego lento.
Desglasar con vino blanco:
Añade el vino blanco a las cebollas bien calientes (con cuidado de que no salpique) y deja que el líquido se evapore por completo mientras remueves. Esto concentra los aromas y elimina la acidez del vino.
Mezcla de ingredientes:
En un bol grande, bate los huevos y añade las zanahorias ralladas, el calabacín preparado, las cebollas frías, la harina, el polvo de hornear, las especias, la sal y la pimienta. Mezcla bien hasta que todos los ingredientes estén integrados; asegúrate de que no queden grumos de harina en el fondo del bol.
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