La reclusa más temida de la prisión decidió humillar a la recién llegada, quitándole la comida delante de todas las internas

Vanessa sonrió con desprecio mientras miraba fijamente a la joven.

—¿Sabes siquiera quién soy?

La recién llegada no respondió.

—Ponte de rodillas ahora mismo. Vas a pagar por tu insolencia.

Pero la muchacha ni siquiera se movió.

Seguía sentada, observándola con una calma que resultaba desconcertante.

Aquella actitud terminó de hacer estallar a Vanessa.

Sin pronunciar una palabra más, la sujetó con fuerza del hombro e intentó arrancarla del banco.

Varias reclusas apartaron la vista, convencidas de que en cuestión de segundos la nueva estaría en el suelo suplicando clemencia.

Lo que Vanessa ignoraba era que acababa de cometer el peor error de toda su estancia en prisión.

Porque aquella misteriosa mujer tatuada no era quien todos creían.

Y en apenas unos segundos, todo el comedor descubriría la verdadera identidad de la recién llegada… 😱😮

Tras escuchar aquellas palabras, Vanessa permaneció inmóvil durante unos segundos, incapaz de creer lo que acababa de oír.

Nadie se había atrevido jamás a responderle de esa manera.

Sintió cómo la ira empezaba a consumirla por dentro.

Durante años había mantenido el control de la prisión sembrando miedo entre las demás internas.

Si permitía que una recién llegada la desafiara sin recibir un castigo, antes de que terminara el día toda la cárcel hablaría de ello.

Y eso era algo que no pensaba permitir.

—Te lo repetiré una sola vez más… arrodíllate —dijo entre dientes, con la voz cargada de rabia.

La joven permaneció en silencio.

Ni un gesto.

Ni una palabra.

De pronto, Vanessa lanzó un violento puñetazo directo a su rostro.

Un grito ahogado recorrió el comedor.

Algunas reclusas incluso apartaron la vista, convencidas de que estaban a punto de presenciar otra brutal paliza.

Pero ocurrió algo que nadie esperaba.

En el último instante, la desconocida inclinó apenas el cuerpo y el golpe pasó de largo.

Todo sucedió con tanta rapidez que muchas ni siquiera alcanzaron a comprender lo ocurrido.

El puño de Vanessa solo encontró el vacío.

Por primera vez, la expresión de la enorme mujer reflejó desconcierto.

Sin perder un segundo volvió a atacar.

Pero la joven esquivó el segundo golpe con la misma facilidad.

Era como si pudiera anticipar cada uno de sus movimientos.

El comedor entero quedó paralizado.

Nadie recordaba haber visto a alguien evitar los ataques de Vanessa con semejante tranquilidad.

Aquello terminó de hacerla perder el control.

Lanzando un grito de furia, se abalanzó sobre la muchacha con la intención de sujetarla y derribarla.

Sin embargo, esta vez la recién llegada dejó de limitarse a defenderse.

Continua en la siguiente pagina

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