Para que los scones queden más suaves, no trabajes demasiado la masa. Apenas se unan los ingredientes, ya está lista para estirar y cortar.
Si la masa queda muy seca, agregá un chorrito más de leche, pero siempre de a poco para no pasarte y evitar que pierda consistencia.
Si querés un sabor más casero, podés sumar ralladura de limón o naranja a la mezcla. Le da un perfume muy rico sin cambiar demasiado la receta original.
Para una versión más dulce, agregá chips de chocolate, pasas de uva o un poco más de azúcar. También podés espolvorearlos con azúcar por arriba antes de llevarlos al horno.
Si los vas a servir en una mesa dulce, quedan muy bien acompañados con mermelada de frutilla, dulce de leche repostero, crema batida o queso crema mezclado con un toque de azúcar impalpable.
Es importante no aplastar demasiado la masa al estirarla. Si queda muy fina, los scones pueden salir bajos y menos esponjosos.
Si no tenés harina leudante, podés usar 500 gr de harina común con 20 gr de polvo de hornear.
Para conservarlos mejor, guardalos en un recipiente bien cerrado. También podés darles unos minutos de horno antes de servirlos para recuperar su textura.
Estos scones caseros son una receta simple, rendidora y perfecta para tener algo rico listo en poco tiempo.
Con pocos ingredientes y una buena cocción, salen dorados, tiernos y muy tentadores.