No sé qué fue lo que me hizo mirarlo con atención.
Tal vez su calma.
Tal vez la forma en que permanecía de pie, como si todo aquello no le afectara.
Sus ojos no eran los de un hombre derrotado.
Eran los de alguien que estaba interpretando un papel.
Se inclinó apenas hacia mí.
—No llores —susurró—. Solo espera un poco… todo está por cambiar.
Me quedé inmóvil.
Esa voz no coincidía con su apariencia.
—¿Qué quieres decir?
—Confía. Y no reacciones.
El sacerdote comenzó a hablar.
—Si alguien tiene un motivo para oponerse a esta unión…
—Yo lo tengo.
La voz vino desde el fondo.
Todos se giraron.
Un hombre entró acompañado de personal oficial. Su presencia cambió el ambiente en segundos.
Esteban se levantó, alterado.
—¿Qué significa esto?
Pero la verdadera sorpresa estaba a mi lado.
Elías comenzó a retirar, con calma, aquello que ocultaba su identidad. Poco a poco, su apariencia cambió frente a todos.
El silencio se volvió absoluto.
Y entonces, su verdadero rostro quedó al descubierto.
Un rostro conocido.
En medios.
En eventos.
En el mundo empresarial.
Gael Elías Cáceres.
Las reacciones no se hicieron esperar.
Esteban palideció.
—Esto no es posible…
Gael lo miró con serenidad.
—Lo es.
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