Dieciocho años sin escuchar aquella voz.
Y aun así, reconocí inmediatamente su tono.
—Vincent.
Su mirada se dirigió hacia Noah.
—Necesito hablar contigo.
—Este no es el momento.
—¿Es mi hijo?
La pregunta cayó entre nosotros como una piedra.
Noah dejó de sonreír.
—¿Qué?
Vincent dio un paso adelante.
—Claire, dime la verdad.
Sentí que la mano de Noah se soltaba lentamente de la mía.
Mi hijo me miró.
—Mamá, ¿conoces a este hombre?
Durante años había imaginado aquella conversación.
Había ensayado explicaciones frente al espejo, buscando palabras que no destruyeran la confianza que Noah había depositado en mí.
Pero ninguna preparación podía aliviar el dolor de aquel instante.
—Sí, cariño.
Respiré profundamente.
—Es Vincent Moretti.
Noah frunció el ceño.
—¿El empresario de Chicago?
Asentí.
Vincent tenía los ojos húmedos.
—Noah, yo…
Lo interrumpí.
—Es tu padre biológico.
El silencio fue absoluto.
Noah retrocedió un paso.
—¿Mi padre?
Miró a Vincent, después a mí.
—Me dijiste que había muerto.
Una lágrima descendió por mi mejilla.
—Te dije que mi marido murió el día que naciste. Nunca te dije que tu padre biológico estuviera muerto.
—¡Mamá!
Aquella palabra me atravesó el corazón.
Noah nunca me había hablado con tanta decepción.
—¿Por qué me lo ocultaste?
—Porque tenía miedo de que sufrieras.
Vincent intervino con voz temblorosa.
—Yo no sabía que existías.
Noah lo miró fijamente.
—¿Y se supone que debo creerlo?
—Es la verdad.
Entonces Sophia soltó una risa nerviosa.
—Esto es ridículo. Claire podría haber preparado todo para acercarse a nuestra familia.
Vincent giró la cabeza.
—Cállate, Sophia.
Ella abrió los ojos.
Nunca lo había escuchado hablarle así delante de otras personas.
Pero todavía faltaba descubrir lo peor.
Vincent volvió a mirarme.
—Claire, durante dieciocho años te envié dinero todos los meses. No entendía por qué nunca respondías a mis cartas.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué dinero?
Su expresión cambió.
—Los depósitos. La cuenta que abrí después del divorcio.
Negué lentamente.
—Vincent, jamás recibí un centavo de ti.
Él pareció perder el equilibrio.
—Eso es imposible.
—Crié a Noah trabajando en dos empleos. Hubo meses en los que apenas podía pagar el alquiler. Si hubieras enviado dinero, te aseguro que lo habría sabido.
Vincent miró hacia Sophia.
Ella retrocedió.
—No me mires así.
—Tú administrabas esos pagos.
—Vincent…
—Tú me asegurabas que Claire recibía todo.
Ethan levantó la cabeza.
—Mamá, ¿de qué está hablando?
Sophia intentó sonreír.
—De un malentendido, cariño.
Pero Vincent ya había sacado su teléfono.
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