En un bol grande, mezcla el yogur griego, los huevos, el edulcorante y la vainilla. Bate hasta obtener una crema homogénea, ya sea manualmente o con batidora eléctrica a velocidad media.
Paso 2: El toque mágico
Incorpora la maicena tamizada en movimientos suaves y envolventes para evitar la formación de grumos. La clave está en mantener la aireación de la mezcla.
Paso 3: Horneado a la perfección
Precalienta el horno a 180°C (356°F). Mientras, forra un molde de 18-20 cm con papel de horno ligeramente humedecido. Vierte la mezcla y alisa la superficie. Hornea durante 50 minutos hasta lograr un dorado tentador.
Paso 4: El descanso final
Deja enfriar el pastel al menos 30 minutos antes de desmoldar. Este reposo permite que la textura se estabilice para ese corte perfecto.
Secretos para elevar tu experiencia
• Cambia parte del yogur por ricotta light para una versión extra cremosa
• Acompaña con compota de frutos rojos casera o fruta fresca de temporada
• Espolvorea canela o cacao puro sin azúcar antes de hornear
• Conserva en nevera hasta 3 días en recipiente hermético
¿Por qué enamora este postre?
La combinación del yogur griego con la maicena crea una textura que oscila entre el soufflé y el cheesecake, mientras que la ausencia de azúcar refinado lo convierte en un aliado para tus metas wellness. Su versatilidad permite servirlo tibio con un helado light o frío como merienda proteica.
Este pastel no es solo un postre: es una filosofía que demuestra que los placeres dulces pueden coexistir con un estilo de vida consciente. ¡La próxima vez que anheles algo dulce después de cenar, sabes que tienes la respuesta!