PARTE FINAL / EL SECRETO DE SALOMÉ…

El coronel Méndez entró en la sala de visitas apenas escuchó los gritos.

Ramira Fuentes estaba de pie, temblando, mientras dos guardias intentaban tranquilizarla.

Su hija Salomé permanecía abrazada a su cintura.

—¿Qué está pasando aquí? —preguntó Méndez.

Ramira levantó la cabeza.

Por primera vez en cinco años, sus ojos no reflejaban solamente desesperación.

Había algo más.

Esperanza.

—Coronel, necesito que detenga mi ejecución.

Méndez frunció el ceño.

—Ramira, sabe que no tengo autoridad para anular una sentencia judicial.

—¡Pero puede ayudarme a presentar una prueba nueva!

El hombre miró a la niña.

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