PARTE FINAL / EL SECRETO DE SALOMÉ…

—¿Qué prueba?

Salomé soltó lentamente a su madre.

Después dio un paso hacia él.

—Yo sé quién mató a mi papá.

La habitación quedó completamente en silencio.

Méndez sintió un escalofrío.

El caso de Ramira Fuentes había comenzado cinco años atrás, cuando su esposo, Alejandro Fuentes, apareció muerto en la casa familiar.

La policía
encontró a Ramira arrodillada junto al cuerpo.

Sus manos estaban manchadas de sangre.

El arma estaba cerca.

Y un vecino aseguró haberla visto salir de la vivienda poco antes de que llegaran los agentes.

Ramira siempre sostuvo que había regresado a casa después de recibir una llamada desesperada de su esposo.

Pero nadie le creyó.

Ahora, una niña de ocho años afirmaba conocer al verdadero responsable.

Méndez se arrodilló frente a Salomé.

—Pequeña, necesito que me expliques lo que sabes.

La niña miró a su madre.

Ramira asintió entre lágrimas.

—Dile la verdad, cariño.

Salomé respiró profundamente.

—Mi papá no murió cuando dijeron.

El coronel se quedó inmóvil.

—¿Qué quieres decir?

La niña bajó la mirada.

—Yo lo escuché hablando después de que mi mamá se fue.

Ramira se llevó ambas manos a la boca.

—Salomé…

La niña continuó:

—Esa noche yo estaba escondida debajo de mi cama porque había
escuchado una discusión.

Méndez acercó una silla.

—Siéntate, pequeña. No tienes que apresurarte.

Salomé obedeció.

—Mi papá estaba discutiendo con un hombre.

—¿Recuerdas quién era?

La niña asintió.

—Sí.

Todos contuvieron la respiración.

—Era el tío Esteban.

Ramira sintió que las piernas le fallaban.

Esteban Fuentes.

El hermano menor de Alejandro.

El mismo hombre que había testificado contra ella durante el juicio.

El mismo que, después de su condena, había obtenido la custodia temporal de Salomé.

—Eso es imposible —susurró Ramira.

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