PARTE 2
—¿Se le ofrece algo en esta habitación, señor? —preguntó Alejandro. Su tono de voz era bajo, educado, pero cargaba 1 peso aplastante que dejó a Mateo sintiéndose como 1 insecto.
Mateo tragó saliva, sintiendo 1 nudo de arena en la garganta.
—Sofía… —murmuró, casi como 1 súplica patética.
Ella ni siquiera parpadeó. Simplemente bajó 1 mano protectora sobre su enorme vientre y apartó la mirada hacia la ventana. Fue entonces cuando Mateo notó el anillo. 1 diamante espectacular, pulcro y desafiante, brillando en el dedo de Sofía como 1 sentencia definitiva. No era solo 1 joya cara. Era 1 grito silencioso que decía: “Yo sí fui suficiente. Yo sí fui elegida. Yo sí recibí el amor y la familia que tú me negaste con tus mentiras”.
—Me parece que la persona que busca está enfrentando 1 crisis en otra habitación —continuó Alejandro, implacable—. Cuarto 412, ¿cierto? Le sugiero que no la haga esperar más.
La palabra “crisis” fue 1 bofetada que sacó a Mateo de su estupor. Abrió la boca para articular 1 excusa, pero 1 enfermera apareció corriendo detrás de él, tomándolo del brazo con urgencia.
—¡Señor Salazar! Lo necesitamos ahora mismo. La señorita Valeria está perdiendo el control y los signos vitales del bebé están cayendo. ¡Hay complicaciones severas!
Mateo echó 1 último vistazo hacia la suite VIP. Sofía ya le estaba sonriendo a Alejandro. 1 sonrisa limpia, auténtica, llena de 1 paz que Mateo nunca supo darle y que ahora le pertenecía a otro hombre. Caminó hacia el infierno del cuarto 412 arrastrando los pies, como 1 condenado caminando hacia el paredón de fusilamiento.
Mientras los gritos de Valeria comenzaban a taladrar sus oídos, la mente de Mateo viajó 6 años atrás, a la noche en que él mismo decidió detonar la bomba de su matrimonio.
Recordó aquel martes lluvioso. Mateo estaba tomando 1 baño caliente. Dejó su celular desbloqueado sobre el buró. Sofía, que durante 11 años de matrimonio jamás había sido 1 mujer tóxica ni controladora, escuchó la vibración incesante. Se acercó solo para silenciarlo, pero el mensaje brillaba en la pantalla con la fuerza de 1 relámpago:
“Me dejaste temblando. La cama del hotel todavía huele a ti. Te deseo. Valeria.”
Sofía sintió que el oxígeno abandonaba la habitación. El código de seguridad del teléfono era la fecha de su aniversario. Lo tecleó con manos temblorosas y descubrió 6 meses de 1 doble vida asquerosa. Fotos explícitas, reservaciones en moteles de paso, y lo más doloroso: las conversaciones donde Mateo la denigraba.
“Ella ya no me excita.”
“Es como vivir con 1 robot deprimido.”
“Cuando por fin tenga 1 hijo, te juro que será contigo.”
Sofía no gritó. La traición carnal era asquerosa, pero lo verdaderamente macabro era la actuación impecable de Mateo. Llevaba 6 meses besándola en la frente por las mañanas, acompañándola a los dolorosos y costosos procedimientos de fertilización in vitro, sosteniendo su mano cuando los resultados daban negativo y ella lloraba hasta quedarse dormida, para luego encerrarse en el baño a enviarle mensajes sucios a 1 amante de 24 años.
Cuando Mateo salió de la ducha, la encontró petrificada al borde de la cama, con el celular en la mano.
—¿Quién demonios es Valeria? —preguntó Sofía, con la voz muerta.
Mateo palideció 1 segundo, intentó mentir, luego minimizó la situación, y finalmente, como buen cobarde, se hizo la víctima.
—¡Estoy harto, Sofía! —le gritó, justificando su infidelidad—. Los tratamientos nos están arruinando. Las deudas, tu depresión, tu obsesión por ser madre… ¡Me asfixias! Tú no entiendes la presión que yo siento al ver que no puedes darme 1 familia.
Sofía lo miró con asco absoluto.
—¿Tú estás harto? Yo me inyecto el abdomen todos los días hasta dejarlo morado. Yo entro a los quirófanos. Yo sangro. Yo soporto los efectos secundarios. ¿Y tú estás cansado? Se acabó, Mateo.
El divorcio fue 1 masacre psicológica. Los abogados de Mateo fueron despiadados, argumentando que la “infertilidad” de Sofía había roto el vínculo matrimonial y que él había buscado consuelo en otra parte por la “frialdad” de su esposa. A las 2 semanas de firmar los papeles, Valeria anunció públicamente su embarazo de 8 semanas. Las fechas cuadraban con 1 crueldad asombrosa: Mateo había embarazado a su amante mientras aún dormía en la misma casa que Sofía, viendo cómo ella destrozaba su cuerpo buscando 1 embarazo.
Pero la humillación pública no fue el peor golpe. Ese llegó 3 meses después.
Sofía acudió al consultorio de su especialista en fertilidad para cerrar su expediente clínico de manera definitiva. La doctora Elena revisó los archivos, frunció el ceño y se quitó los lentes, mirándola con 1 mezcla de lástima e indignación.
—Sofía, hay algo que no comprendo y necesito preguntarte… ¿Por qué nunca mencionaste que Mateo se había realizado 1 vasectomía?
Sofía soltó 1 risa amarga y confundida.
—Doctora, se equivoca. Mateo y yo intentamos tener 1 hijo durante 5 años. Él ansiaba ser padre.
La doctora guardó silencio y giró la pantalla de su computadora, mostrando 1 documento escaneado.
Ahí estaba. El nombre completo de Mateo Salazar. Su CURP, su firma. Vasectomía irreversible realizada hace exactamente 6 años en 1 clínica privada de Monterrey. Y debajo, otro registro: Cirugía de reversión de vasectomía realizada apenas 8 meses atrás, justo cuando empezó su aventura con Valeria.
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