Esta práctica respondía a varias razones. En primer lugar, la tecnología de la época era mucho más limitada y mantener una transmisión continua implicaba elevados costos de operación y mantenimiento. Además, la audiencia durante la madrugada era muy reducida, por lo que no resultaba rentable emitir programas durante esas horas. También era habitual que las estaciones aprovecharan ese tiempo para realizar tareas de mantenimiento técnico en los equipos de transmisión y garantizar un funcionamiento óptimo al día siguiente.
En algunos países, la emisión del himno nacional antes del cierre de la programación se convirtió en una tradición que muchas personas recuerdan con nostalgia. Para toda una generación, escuchar el himno significaba que había llegado la hora de apagar el televisor e ir a dormir. Era una rutina cotidiana que marcó la infancia y la juventud de millones de personas
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