PARTE 1
Durante 5 horas, Sebastián Alcázar mantuvo cerradas las puertas del Hotel Imperial de Monterrey para humillar a su prometida frente a cientos de invitados.
Valeria Montemayor permanecía dentro del automóvil nupcial, cubierta por un velo bordado, mientras la gente murmuraba, se reía y grababa videos con sus teléfonos.
A un costado de la entrada esperaban 72 cofres de madera tallada.
Dentro había escrituras de propiedades, acciones empresariales, joyas familiares y los recuerdos que la madre de Valeria le había dejado antes de morir.
Todo formaba parte de la aportación matrimonial preparada por don Héctor Montemayor para garantizar que su única hija fuera respetada dentro de la poderosa familia Alcázar.
Sin embargo, aquella tarde Valeria dejó de ser la heredera que protagonizaría la boda del año.
Se convirtió en el chisme de todo Nuevo León.
Cuando la caravana llegó al hotel, Sebastián mandó decir que el salón todavía no estaba listo.
Era mentira.
La fecha se había fijado 5 meses antes y cada detalle había sido confirmado la noche anterior.
Sebastián solo quería darle una lección.
Deseaba demostrar que, aunque Valeria poseyera el 14% de las acciones de Grupo Montemayor, después de casarse tendría que obedecerlo.
—Señorita, esto no es normal —susurró Mariana, su asistente—. Debemos llamar a su padre.
—Todavía no.
Valeria decidió esperar porque necesitaba descubrir hasta dónde llegaría el hombre con quien estaba a punto de compartir su vida.
Pasó 1 hora.
Después 2.
El calor de julio convirtió el automóvil en un horno. El vestido se pegó a su cuerpo y sus labios comenzaron a agrietarse.
Desde la multitud llegaron comentarios crueles.
—Dicen que Sebastián solo aceptó casarse por el dinero.
—Seguro sigue enamorado de Regina Salgado.
—Qué oso. La dejaron esperando en su propia boda.
Valeria mantuvo las manos cerradas bajo la falda.
Sabía que Sebastián esperaba verla llorar, golpear las puertas o llamar desesperada a su padre.
Pero ella no le daría ese placer.
Cerca de la quinta hora, el sistema de sonido del hotel transmitió por error una conversación desde el vestíbulo.
Primero se escuchó la voz de Regina:
—¿De verdad no vas a recibirla?
Sebastián soltó una carcajada.
—Déjala esperar. Después de la boda, su padre transferirá el dinero y los Montemayor tendrán que hacer lo que yo diga.
Regina rio.
En ese instante, Valeria recordó las últimas palabras de su madre:
“Nunca confundas paciencia con permitir que alguien pisotee tu dignidad”.
Al cumplirse exactamente 5 horas, se quitó el velo, abrió la puerta y descendió frente a todos.
—La boda queda cancelada —declaró—. Regresen los 72 cofres a la residencia Montemayor.
Las puertas del hotel se abrieron de golpe.
Sebastián salió pálido y furioso.
Pero el automóvil de Valeria ya comenzaba a avanzar.
Entonces él corrió detrás de la caravana y gritó:
—¡Si te vas, tu padre perderá todo!
Don Héctor ordenó detener los vehículos.
Y nadie imaginó que aquella amenaza acababa de darle a Valeria la prueba necesaria para acabar con el imperio Alcázar.
PARTE 2