Le robé y me casé con el ex marido de mi hermana.
Sí. Ya sé. Podés insultarme ahora y seguimos leyendo después.
Cuando me casé con Matías, supe tres cosas de inmediato:
Uno, que me veía espectacular con el vestido blanco, aunque lo había comprado en oferta por tener una mancha invisible que todavía no encontré (y ya revisé hasta con linterna).
Dos, que probablemente iba a ser desheredada. Aunque mamá nunca tuvo nada que heredar, así que tampoco era una tragedia económica.
Y tres… que esta historia no empezó donde todos creen.
—
—¿Me estás jodiendo? —dijo Lucía la primera vez que se enteró.
Fue en la panadería. Ella con una medialuna en la mano, yo con la dignidad colgando de un hilo.
—No fue planeado —dije—. Fue más como… un accidente emocional.
—Sos una traidora.
Y ahí, en ese momento, no dije nada.
Porque explicar la verdad en medio de una panadería llena de gente es complicado. Sobre todo cuando la verdad no te deja tan bien parada… pero tampoco la deja a ella.
—
La historia oficial es simple:
ella se casó con él, se separaron… y yo aparecí después.
La real… es bastante más incómoda.
Porque yo conocí a Matías primero.
Antes de que fuera “el marido de mi hermana”.
Antes de que fuera un problema.
Antes de que todo se arruinara.
Éramos amigos. De esos que se ríen por cualquier cosa, que se quedan hablando horas, que se entienden sin explicar demasiado.
Y sí… me gustaba.
Mucho.
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