Confiaba en ella.
Confiaba en los médicos.
Confiaba en Sloane.
—Durante el proceso —continuó Elena— se realizaron pruebas genéticas de los embriones.
—¿Y?
—Los resultados iniciales mostraban que dos embriones presentaban la mutación.
Sentí frío.
—Jonah y Blythe.
—No necesariamente. Todavía no.
Elena pasó el dedo por una línea.
—Según este reporte, esos embriones debían descartarse del procedimiento y utilizarse otros dos que no mostraban la variante.
—Entonces ¿qué ocurrió?
—Alguien cambió las etiquetas.
Prescott murmuró una maldición.
Yo no entendía.O quizá no quería entender.
—¿Por qué?
Elena me sostuvo la mirada.
—Porque Halcyon estaba desarrollando una terapia experimental.
Sentí que la habitación se hacía más pequeña.
—No.
—Necesitaban pacientes con un perfil genético muy específico.
—No.
—Genevieve descubrió seis años después que los registros de sus hijos coincidían con números internos de un protocolo de investigación.
Golpeé el escritorio.
—¡Mis hijos no son experimentos!
Elena dio un paso atrás.
—Lo sé.
—¿Estás diciendo que alguien eligió deliberadamente embriones con una mutación?
—Estoy diciendo que los documentos indican que los embriones transferidos no correspondían a los que ustedes habían autorizado.
—¿Quién lo hizo?
—Eso era lo que Genevieve estaba intentando demostrar cuando murió.
Miré a Prescott.
—Llama a Franklin.
—Ya viene.
—Y bloquea la propiedad.
—¿Nivel?
—Total.
Prescott salió.
Me volví hacia Elena.
—¿Por qué Genevieve acudió a ti?
—Porque yo administraba archivos clínicos.
—¿Y por qué confiaría en ti?Elena bajó la mirada.
—Porque mi hermana murió en el mismo programa.
Aquello me silenció.
—Tenía veinticuatro años. Le diagnosticaron una enfermedad hematológica poco después de participar en otro ensayo de Halcyon. Yo empecé a revisar archivos que no debía revisar.
—¿Y encontraste a mis hijos?
—Encontré muchos nombres.
—¿Cuántos?
—Diecisiete niños.
Tuve que sentarme.
—¿Diecisiete?
—No todos enfermaron. Pero varios sí.
—¿Y nadie habló?
Elena soltó una risa amarga.
—Halcyon pagó tratamientos. Acuerdos. Consultas. Algunas familias nunca supieron que existía una conexión.
—¿Genevieve sí?
—Porque era Genevieve Mercer.
Por primera vez casi sonreí.
Sí.
Mi esposa podía ser insoportablemente obstinada cuando sabía que alguien mentía.
—Me encontró —continuó Elena—. Me preguntó por un código que aparecía en un viejo archivo médico de los gemelos. Al principio mentí.
—¿Por qué?
—Tenía miedo.
—¿Y después?
—Me mostró fotografías de Jonah y Blythe.
Elena empezó a llorar.
—Y me preguntó si yopodría seguir teniendo miedo si fueran mis hijos.
Miré hacia la puerta.
Mis niños estaban a unos cuantos pasillos.
Muriendo.
—¿Qué descubrieron?
—Que Halcyon había desarrollado una terapia dirigida específicamente al mecanismo que estaba causando la enfermedad en ciertos pacientes del programa.
Me puse de pie.
—¿Existe un tratamiento?
—Experimental.
—¿Funciona?
—En algunos casos.
—¿Dónde?
Elena guardó silencio.
—¿Dónde está?
—Halcyon.
Me quedé mirándola.
—Sloane tiene una terapia para mis hijos y ha dejado que los médicos me digan que van a morir.
—No exactamente.
—Entonces explícate muy cuidadosamente.
—La terapia original era demasiado peligrosa. Después desarrollaron una versión modificada. Genevieve descubrió resultados preliminares prometedores. Pero reconocer que Jonah y Blythe eran candidatos significaría admitir cómo habían entrado en el programa.
—Así que Sloane prefirió dejarlos morir.
—No sé qué decidió personalmente Sloane.
Aquella precisión me hizo confiar más en ella.
No estaba inventando.
Separaba lo que sabía de loque sospechaba.
La puerta se abrió.
Franklin entró.
Miró a Elena.
Después el informe.
Su rostro cambió.
—¿Dónde consiguió esto?
—¿Lo reconoces? —pregunté.
No respondió inmediatamente.
—Porque era Genevieve Mercer.
Por primera vez casi sonreí.
Sí.
Mi esposa podía ser insoportablemente obstinada cuando sabía que alguien mentía.
—Me encontró —continuó Elena—. Me preguntó por un código que aparecía en un viejo archivo médico de los gemelos. Al principio mentí.
—¿Por qué?
—Tenía miedo.
—¿Y después?
—Me mostró fotografías de Jonah y Blythe.
Elena empezó a llorar.
—Y me preguntó si yopodría seguir teniendo miedo si fueran mis hijos.
Miré hacia la puerta.
Mis niños estaban a unos cuantos pasillos.
Muriendo.
—¿Qué descubrieron?
—Que Halcyon había desarrollado una terapia dirigida específicamente al mecanismo que estaba causando la enfermedad en ciertos pacientes del programa.
Me puse de pie.
—¿Existe un tratamiento?
—Experimental.
—¿Funciona?
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