Estaban emocionados, vestidos con ropa a juego y llenos de curiosidad por conocer a esa parte de la familia de la que solo habían oído hablar.
Cuando llegamos a la casa, todos salieron a recibirnos.
La madre de Daniel se quedó inmóvil.
Unos instantes después apareció él.
Su nueva pareja estaba a su lado, pero la sonrisa desapareció de su rostro en cuanto vio a los niños.
Los observó uno por uno, incapaz de apartar la mirada.
El parecido era innegable.
Toda la habitación quedó en absoluto silencio.
Me acerqué con calma y sonreí.
—Feliz Navidad.
Luego añadí:
—Creo que ha llegado el momento de que su familia conozca a estos maravillosos niños.
Nadie encontraba las palabras.
Daniel seguía mirándolos con incredulidad, mientras los pequeños lo observaban con la curiosidad natural de cualquier niño.
Entonces, uno de ellos hizo una pregunta sencilla y sincera que dejó a todos completamente sin palabras.