—Tengo documentación suficiente para solicitar una investigación independiente. Y acabo de encontrar una solicitud de despido que todavía no me han comunicado.
—No se enfrente a ellos sola. Envíeme únicamente los documentos que pueda compartir legalmente conmigo. No copie más información de la empresa ni toque los sistemas.
—Entendido.
—Y Emily…
—¿Sí?
—No les diga cuánto sabe.
Sonreí.
—Eso ya lo tenía pensado.
Colgué y miré la hora.
8:12.
Mi reunión empezaba a las diez.
Me preparé un café, desayuné dos tostadas y salí del apartamento.
Mientras esperaba el ascensor, recibí otro mensaje de Daniel.
“Te doy una última oportunidad. Borra la publicación y ven a casa. Podemos arreglar esto sin perjudicarte”.
Lo leí dos veces.
Después respondí:
“Nos vemos en la oficina”.
Su contestación llegó de inmediato.
“¿Qué significa eso?”
No respondí.
Todavía no.
Capítulo 5. La mejor amiga que quería ocupar mi lugar
Cuando llegué a la empresa, el ambiente había cambiado.
La recepcionista me miró de una manera extraña.
Dos compañeros dejaron de hablar cuando pasé junto a ellos.
En el ascensor, un empleado del departamento comercial fingió estar muy interesado en el número de cada piso.
No me sorprendió.
Mi publicación había recorrido prácticamente toda la oficina.
Al llegar a mi planta, encontré a Sophie junto a la máquina de café.
Llevaba una blusa blanca, una falda ajustada y una expresión de sufrimiento cuidadosamente ensayada.
En cuanto me vio, corrió hacia mí.
—¡Emily!
Intentó tomarme de las manos.
Me aparté con suavidad.
—Buenos días, Sophie.
Su sonrisa vaciló.
—¿Podemos hablar en privado?
—Claro.
Entramos en una pequeña sala de descanso.
Sophie cerró la puerta.
Su rostro cambió inmediatamente.
—¿Qué demonios estás haciendo?
Ahí estaba.
La verdadera Sophie.
—¿Te refieres a la publicación?
—¡Por supuesto que me refiero a la publicación! ¡Todo el mundo cree que Daniel y yo tenemos algo!
La observé.
—¿Y no es cierto?
—¡No!
—Entonces no entiendo por qué estás tan nerviosa.
Se quedó callada.
Yo saqué el teléfono y le mostré la fotografía.
—Míralos. Parecen felices.
—¡Fue un abrazo!
—Uno muy bonito.
—¡Emily!
—¿Qué?
Apretó los labios.
Durante unos segundos, pareció debatirse entre seguir interpretando a la amiga inocente o mostrarme cuánto me despreciaba.
Finalmente eligió lo segundo.
—Mira, voy a ser sincera contigo. Daniel lleva mucho tiempo siendo infeliz.
Asentí.
—Continúa.
—Ustedes ya no tienen una relación normal. Tú siempre estás trabajando, siempre pensando en proyectos, siempre encerrada en tu mundo.
—Comprendo.
—Él necesita una mujer que lo entienda.
—Como tú.
Sophie levantó la barbilla.
—No quería que te enteraras de esta manera.
Casi me eché a reír.
Acababa de pasar de negar cualquier relación a reconocerla.
Ni siquiera había transcurrido un minuto.
—Entonces, ¿por qué me enviaste la foto?
Su expresión se endureció.
—Porque alguien tenía que hacerte abrir los ojos.
Al menos aquella fue una respuesta sincera.
—Gracias, Sophie.
Parpadeó.
—¿Gracias?
—Sí. Me ahorraste bastante tiempo.
Me dirigí hacia la puerta.
Pero su voz me detuvo.
—Daniel va a divorciarse de ti.
Me volví.
—Eso esperaba.
Ella sonrió con superioridad.
—Y no creas que vas a quedarte con su dinero. Ya hablamos con un abogado.
Me acerqué lentamente.
—Sophie, ¿recuerdas los 18.000 dólares que te presté?
Su sonrisa desapareció.
—¿Qué tienen que ver con esto?
—Nada. Simplemente quería saber cuándo piensas devolvérmelos.
—¿De verdad vas a hablar de dinero ahora?
—Tienes razón. Lo hablaremos por escrito.
Abrí la puerta.
Antes de salir, añadí:
—Una cosa más. Si vas a quedarte con mi esposo, procura revisar sus deudas. No te gustaría descubrir que el premio viene con facturas pendientes.
La dejé allí, inmóvil.
No sabía todavía que esa advertencia era mucho más seria de lo que parecía.
Capítulo 6. La reunión
A las 9:55 recibí un correo de Recursos Humanos.
Me convocaban a una reunión extraordinaria sobre una supuesta irregularidad de seguridad.
Cinco minutos después entré en la sala de conferencias.
Daniel estaba sentado a la derecha de la mesa.
Llevaba el traje azul que yo le había regalado por nuestro segundo aniversario.
A su lado estaba Sophie.
Frente a ellos se encontraban el director de Recursos Humanos, el responsable de seguridad informática y el vicepresidente de operaciones.
Una mujer que no conocía ocupaba la cabecera.
—Señora Carter —dijo—. Soy Margaret Collins, asesora jurídica externa de la compañía.
Aquello me llamó la atención.
Daniel no parecía esperarla.
Sus ojos se desplazaron hacia el vicepresidente.
—Pensé que esta era una reunión interna.
—Lo era —respondió Margaret—. Hasta que esta mañana recibimos una comunicación legal solicitando la preservación de determinadas pruebas.
Daniel me miró.
Yo tomé asiento.
—Buenos días a todos.
Nadie respondió.
El director de Recursos Humanos carraspeó.
—Emily, hemos detectado posibles irregularidades relacionadas con el Proyecto Atlas.
—Lo sé.
Daniel se inclinó hacia adelante.
—¿Cómo que lo sabes?
—Continúen, por favor.
Margaret abrió una carpeta.
—Según el informe presentado por el señor Parker, existen indicios de que información confidencial fue descargada utilizando credenciales asociadas a su cuenta.
—¿En qué fecha?
—El 18 de septiembre.
—¿A qué hora?
El responsable de seguridad consultó su computadora.
—A las 11:43 de la noche.
Asentí lentamente.
—Interesante.
Daniel golpeó la mesa con dos dedos.
—Emily, no conviertas esto en un espectáculo.
Lo miré.
—¿Te molesta que haga preguntas?
—Estoy intentando ayudarte.
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