Margaret levantó una mano.
—Señor Parker, permita que la señora Carter responda.
Saqué una carpeta de mi bolso.
—Esa noche me encontraba en Chicago, participando en una conferencia tecnológica autorizada por la empresa.
El responsable de seguridad intervino:
—El acceso remoto sería compatible con esa circunstancia.
—Por supuesto. Pero hay un detalle importante.
Abrí la carpeta.
—El registro que presentan muestra una autenticación realizada mediante una sesión administrativa. Mi cuenta no tenía esos privilegios.
El hombre frunció el ceño.
—Necesitaríamos verificarlo.
—Exactamente. Y también determinar quién autorizó la elevación de permisos, desde qué dispositivo se inició la sesión y si la dirección de origen corresponde a alguna conexión de la oficina.
Daniel soltó una carcajada seca.
—Está intentando confundirlos con tecnicismos.
—Son preguntas básicas de auditoría, Daniel.
Me volví hacia Margaret.
—Hace cuatro meses denuncié un posible uso indebido de credenciales. El incidente fue cerrado por instrucción del gerente del proyecto, sin una investigación documentada.
El vicepresidente miró a Daniel.
—¿Es cierto?
—Era una falsa alarma.
—¿Quién determinó eso?
Daniel vaciló.
—Mi equipo.
—¿Qué persona de su equipo?
Silencio.
Sophie intervino apresuradamente.
—Yo recuerdo que Emily estaba muy estresada en esa época. Cometía errores y desconfiaba de todos.
Margaret la observó.
—Señorita Bennett, ¿usted participó en el análisis de seguridad?
—No directamente.
—Entonces esperemos la verificación técnica.
Tuve que bajar la mirada para ocultar mi sonrisa.
Era la primera vez que veía a Sophie incapaz de manipular una conversación mediante lágrimas y preocupación fingida.
Pero todavía faltaba lo mejor.
Capítulo 7. Los 75.000 dólares
Margaret pasó a la siguiente página.
—También existe una transferencia por 75.000 dólares hacia una cuenta presuntamente vinculada a usted.
Daniel recuperó algo de confianza.
—Eso es lo más grave. Necesitamos proteger a la empresa.
Me crucé de manos.
—¿Quién proporcionó esa información bancaria?
—El señor Parker —respondió Margaret.
Lo miré.
—Qué curioso.
—Emily, no intentes negarlo —dijo él—. Tenemos documentación.
—Yo también.
Saqué una carta del banco, obtenida semanas antes cuando descubrí movimientos inexplicables en nuestra antigua cuenta conjunta.
—Esa cuenta fue abierta durante nuestro matrimonio. Daniel figura como cotitular. Lo que solicito es que se verifique quién inició y autorizó cada transacción, en lugar de asumir que fui yo porque mi nombre también aparece en los documentos.
El director financiero, que se había conectado por videollamada, intervino:
—¿Está diciendo que su esposo realizó la transferencia?
—Estoy diciendo que la información presentada no demuestra quién la realizó. Y que ya existía una disputa documentada sobre ciertos movimientos.
Margaret asintió.
—Es una distinción importante.
Daniel perdió la paciencia.
—¡Es absurdo! ¡Emily está intentando culparme porque descubrió que mi matrimonio se terminó!
El silencio cayó sobre la sala.
El vicepresidente lo miró fijamente.
—¿Qué tiene que ver su matrimonio con una investigación corporativa?
Daniel abrió la boca.
No encontró respuesta.
Y yo comprendí que había llegado el momento.
—Me gustaría formular una pregunta —dije.
Margaret me indicó que continuara.
—¿Quién elaboró el informe técnico utilizado para solicitar mi despido?
El responsable de Recursos Humanos consultó sus papeles.
—El gerente de proyectos, Daniel Parker, con información suministrada por Sophie Bennett.
—Es decir, mi esposo y la mujer con la que mantiene una relación sentimental.
Sophie palideció.
Daniel se puso de pie.
—¡Eso es una acusación personal!
—La relación puede ser relevante para evaluar un conflicto de intereses —respondió Margaret con serenidad—. Señor Parker, siéntese.
Él obedeció.
Por primera vez en todos nuestros años juntos, Daniel parecía realmente asustado.
Yo abrí mi última carpeta.
—También solicito que se revise la relación comercial entre Atlas y Northbridge Solutions.
El vicepresidente frunció el ceño.
—¿Northbridge? Es una empresa que está negociando un producto similar al nuestro.
—Lo sé.
—¿Qué relación tiene con este asunto?
—Durante los últimos meses encontré coincidencias preocupantes entre propuestas confidenciales de nuestro proyecto y materiales comerciales que Northbridge presentó públicamente.
Deslicé sobre la mesa varias comparaciones de características, cronogramas y documentos con fechas comprobables.
—No afirmo que esas coincidencias prueben por sí solas una filtración. Pero sí justifican una investigación independiente.
Margaret examinó los documentos.
—¿De dónde obtuvo esto?
—De informes públicos, correos que recibí durante mis funciones y documentación de proyecto a la que tenía acceso autorizado. Mi abogada ya ha solicitado que los originales se preserven y sean examinados mediante los procedimientos correspondientes.
Margaret miró al vicepresidente.
Ambos intercambiaron una expresión que Daniel no supo interpretar.
Yo sí.
La investigación acababa de cambiar de dirección.
Capítulo 8. Una llamada que lo cambió todo
La reunión fue suspendida a las 11:20.
Recursos Humanos me informó que quedaría temporalmente apartada del Proyecto Atlas, con salario completo, mientras se realizaba una revisión independiente.
Mi acceso a determinados sistemas sería restringido por protocolo.
Daniel también fue apartado de sus funciones de supervisión.
Sophie recibió la misma notificación.
Al salir al pasillo, mi esposo me agarró del brazo.
—¿Estás satisfecha?
Me solté.
—Todavía no.
—¡Acabas de poner nuestras carreras en peligro!
—Tú solicitaste mi despido antes de que publicara la fotografía.
Se quedó inmóvil.
Su expresión me confirmó que no esperaba que yo lo supiera.
—¿De dónde sacaste eso?
—¿Importa?
—Emily, escúchame…
—No me toques.
Dos compañeros que pasaban por el pasillo se detuvieron.
Daniel retiró la mano.
Entonces bajó la voz.
Era el mismo tono que utilizaba cuando quería convencerme de que una discusión había sido culpa mía.
—Cariño, todo se salió de control. Sophie y yo cometimos un error, pero podemos solucionarlo.
Lo observé con atención.
—¿Un error de cuántos meses?
No respondió.
—¿Seis? ¿Ocho? ¿Un año?
—No significa nada.
—Entonces, ¿por qué estabas dispuesto a destruir mi vida para protegerlo?
Su rostro cambió.
—No sabes de qué estás hablando.
—Creo que sí.
Él miró a ambos lados.
Después se acercó lo suficiente para susurrar:
—Hay personas involucradas que no conoces. No puedes ir por ahí acusando a todo el mundo.
Esa frase me preocupó más que sus amenazas.
—¿Qué personas?
Daniel negó con la cabeza.
—Olvídalo. Lo importante es que todavía podemos llegar a un acuerdo.
Mi teléfono sonó.
Era mi abogada.
—Tengo que atender —dije.
Daniel intentó detenerme.
—Emily…
Me alejé.
La voz de Laura Williams sonó seria.
—Acabo de recibir información importante del equipo jurídico de la empresa. Van a contratar peritos externos para revisar los accesos y preservar los registros.
—Eso es bueno.
—Sí. Pero hay otra cosa. Northbridge está vinculada comercialmente a una sociedad donde tu esposo aparece como beneficiario, según documentos corporativos públicos.
Me apoyé contra la pared.
—¿Estás segura?
⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬
