PART 2: años, jamás sería capaz de algo así. Pero….
PART 3:
…estaba con ella cerca del invernadero. Hoy puedo enseñárselo si vuelve.
Como si el destino quisiera acabar de romperlo, Camila lo guio por el borde de los setos hasta la parte trasera del jardín. Desde allí podían ver la puerta de cristal del invernadero. Valeria apareció caminando junto a un hombre de traje gris. Era alto, rubio, con una sonrisa demasiado confiada. Ella se detuvo, miró a los lados y lo besó.
Alejandro no se movió.
Entonces la escuchó decir:
—Solo falta un poco, Ricardo. Cuando todo termine, ya no tendremos que escondernos.
El hombre le acarició la mejilla.
—Y tú tendrás lo que mereces.
Alejandro sintió que su vida entera se partía en dos. Una parte era el hombre que salió de su casa pensando en vuelos, contratos y juntas. La otra era el hombre que se escondía en su propio jardín, descubriendo que la mujer que dormía a su lado planeaba desaparecerlo.
Camila no dijo nada. No hacía falta.
Alejandro volvió a su oficina como quien entra en una casa ajena. Todo seguía igual: los pisos de mármol, los ventanales altos, los muebles caros que nadie usaba. Pero la casa ya no parecía elegante. Parecía vacía. Peligrosamente vacía.
Lo primero que hizo fue llamar a Martín Herrera, su abogado y viejo amigo.
—Necesito que investigues todos mis seguros de vida —dijo Alejandro—. Beneficiarios, cambios recientes, firmas, montos. Todo.
—¿Qué ocurrió? —preguntó Martín, al notar su tono.
—Creo que alguien está planeando mi desaparición.
Hubo silencio al otro lado de la línea.
—Alejandro, eso no es algo que se diga a la ligera.
—No lo digo a la ligera.
También le pidió revisar los registros del chofer, las llamadas de Valeria y cualquier movimiento extraño en las últimas semanas. Después apagó las notificaciones del celular y se sentó frente