PARTE 2: A las nueve de la noche, Julian descubrió quién mandaba realmente en aquella casa

Julian dejó de sonreír en cuanto vio los tres vehículos detenerse frente a la propiedad.

Del primero bajó Harrison Vance, el abogado que llevaba años administrando los bienes de Natalie. Del segundo descendieron dos agentes de seguridad privada. Del tercero salió una mujer con una carpeta de documentos y un maletín negro.

—¿Qué significa todo esto? —preguntó Julian, intentando conservar la seguridad de su voz.

Natalie cerró la puerta de su coche y caminó hacia él.

—Te lo dije esta tarde. A las nueve, hablaríamos de la casa.

Khloe apareció detrás de su marido, todavía con una copa de vino en la mano.

—¡Natalie! ¿De verdad has traído gente para intimidarnos delante de nuestros invitados?

Natalie miró a través de la puerta abierta. En el salón había al menos doce personas. Algunos conversaban junto a la cocina; otros estaban sentados en el sofá, disfrutando de la fiesta que se celebraba en una propiedad que no les pertenecía.

—No he venido a intimidar a nadie —respondió—. He venido a recuperar mi casa y a proteger a mi madre.

Harrison se acercó con su carpeta.

—Señor Julian, señora Khloe, buenas noches. Soy Harrison Vance, representante legal de Natalie. Hemos revisado los documentos de propiedad y los registros fiscales. La escritura identifica a Natalie como propietaria de esta vivienda.

Julian soltó una carcajada.

—¿Y eso qué demuestra? Llevamos dos años viviendo aquí. Tenemos derechos.

—Eso tendrá que determinarse conforme a la legislación aplicable —respondió Harrison con serenidad—. La residencia prolongada puede generar determinadas protecciones legales en Texas, incluso cuando no existe un contrato escrito. Por eso no estamos aquí para cambiar cerraduras ni retirar sus pertenencias por la fuerza.

La sonrisa de Julian regresó.

—Entonces, supongo que ya podemos terminar con este espectáculo.

—No tan deprisa —dijo Harrison.

Abrió la carpeta y sacó varios documentos.

—También hemos revisado las transferencias bancarias que Natalie enviaba mensualmente para el cuidado de su madre. Tres mil dólares al mes, destinados a comida, servicios y necesidades personales de Martha.

Khloe apartó la mirada.

—¿Y qué tiene que ver eso con nosotros?

Natalie respondió antes que el abogado.

—Que ese dinero nunca fue para mantener vuestro estilo de vida.

—¡Mamá nos dijo que podíamos utilizarlo! —protestó Khloe.

—¿Mi madre os entregó voluntariamente las tarjetas?

Khloe no respondió.

—¿O se las quitasteis después de convencerla de que no tenía otra opción?

—¡No sabes lo que estás diciendo!

Natalie dio un paso hacia ella.

—Sé que mi madre, con sesenta y dos años, estaba de rodillas limpiando el patio mientras tú descansabas en el sofá. Sé que tenía las manos heridas. Y sé que, cada vez que yo la llamaba, vosotros os asegurabais de que pareciera feliz delante de la cámara.

Uno de los invitados dejó su copa sobre una mesa.

Otro murmuró algo a su acompañante.

Julian levantó las manos.

—Basta. Esto es un asunto familiar.

—De acuerdo —dijo Natalie—. Entonces respondamos a una pregunta familiar. ¿Por qué mi madre vive en una habitación junto al garaje mientras vosotros ocupáis el dormitorio principal?

Khloe se quedó inmóvil.

Harrison sacó una última hoja.

—Natalie también ha solicitado una revisión independiente de los gastos pagados con los fondos destinados a Martha. Si se confirma que hubo apropiación indebida, estudiaremos las medidas legales correspondientes.

El rostro de Julian cambió.

—No puedes hacer eso.

—Podemos investigar el destino de nuestro dinero y presentar las pruebas pertinentes a las autoridades —respondió Harrison—. Lo que no vamos a hacer es acusar a nadie antes de conocer todos los hechos.

Entonces, desde el interior de la casa, una voz interrumpió la discusión.

—¿Qué está pasando aquí?

Era el padre de uno de los invitados, un hombre mayor que conocía a Martha desde hacía años.

Había visto fotografías de ella durante las fiestas familiares. También recordaba que Natalie había comprado aquella casa para que su madre pudiera descansar después de décadas trabajando.

Miró a Julian.

⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬ 

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *