PARTE 2
Andrés apareció sentado en su oficina, con la barba de 2 días y los ojos rojos, como si llevara noches sin dormir. No sonaba como un hombre despidiéndose. Sonaba como alguien que estaba dejando una bomba lista para explotar. —Si este video se está viendo en mi funeral —dijo—, significa que no morí por casualidad. Un murmullo recorrió la iglesia. Sofía se tapó la boca con ambas manos. Quería tocar la pantalla, decirle que estaba ahí, que su hijo se movía al escuchar su voz. Pero Andrés siguió hablando. —Sofía, perdóname por ocultarte esto. Quise protegerte porque estás embarazada y porque sabía que mi familia iba a intentar destruirte. Doña Carmen dio un paso hacia Rodrigo. —Apague eso. —No puedo —respondió él—. Hay testigos y una instrucción notariada. Andrés miró directo a la cámara. —El bebé que espera Sofía es mi hijo. Existen 3 pruebas de ADN hechas en laboratorios diferentes, certificadas ante notario. Cualquier documento que diga lo contrario fue falsificado. En la pantalla aparecieron sellos, firmas, fechas. La supuesta prueba de doña Carmen quedó convertida en basura frente a todos. Valeria bajó la mirada. Su mano tembló dentro del bolso donde había escondido el anillo. —Además —continuó Andrés—, dejé mis acciones, la casa y mi patrimonio en un fideicomiso irrevocable para Sofía y para mi hijo. Nadie podrá tocarlo. Ni mi madre, ni mi hermana, ni los socios que se vendieron. Doña Carmen perdió el color del rostro. —¡Mi hijo no pudo hacer eso! —gritó—. ¡Estaba manipulado! Andrés respiró hondo en la grabación. —No, mamá. Manipulado estuve muchos años creyendo que tu amor valía más que tu ambición. La pantalla cambió. Aparecieron transferencias bancarias, capturas de mensajes, facturas de joyerías, viajes y pagos a cuentas desconocidas. —Durante 2 años, mi madre y mi hermana desviaron dinero de la fundación que creé para apoyar a niños con cáncer. Usaron más de 42 millones de pesos para pagar deudas, apuestas y favores políticos. La iglesia explotó en murmullos. Una mujer se santiguó. Un primo de Andrés se levantó indignado. Alguien comenzó a grabar con el celular. Valeria rompió en llanto. —Yo no sabía todo, Andrés… yo solo firmaba lo que mamá decía. Doña Carmen la miró con rabia. —Cállate, estúpida. Aquella palabra, frente a todos, mostró una grieta que Sofía nunca había visto: Valeria no era solo cruel, también estaba aterrada. Rodrigo hizo una señal. Las 2 personas de traje oscuro cerraron las puertas de la iglesia desde adentro. Doña Carmen lo notó. —¿Qué está pasando? ¿Por qué no dejan salir a nadie? La pantalla mostró ahora una grabación de seguridad. Era el estacionamiento de la casa de Andrés. La fecha era de una madrugada, 2 días antes del accidente. Se veía una silueta con abrigo largo caminando hacia la camioneta. Sofía dejó de respirar. La persona se agachó junto a la llanta delantera. Luego abrió el cofre con una llave. Permaneció ahí varios minutos. Valeria sollozó. —Mamá, por favor… Doña Carmen se giró hacia ella. —Ni una palabra. Pero ya era tarde. En la grabación, la mujer levantó la cara por accidente hacia la cámara. Era doña Carmen. Andrés volvió a aparecer. —Mandé instalar cámaras extra porque alguien había manipulado mis frenos una semana antes. Pensé que era una advertencia. Me equivoqué. Era el primer intento. Sofía sintió un dolor agudo en el vientre, mezcla de miedo y rabia. —Si yo muero —dijo Andrés—, no fue un accidente. Fue porque alguien decidió que mi esposa y mi hijo eran un obstáculo para quedarse con todo. Doña Carmen gritó: —¡Basta! ¡Eso es una infamia! Rodrigo no se movió. —Todavía falta el audio final. Andrés bajó la mirada en el video. Cuando volvió a levantarla, tenía lágrimas contenidas. —Y ahora van a escuchar la voz de la mujer que pagó para que su propio hijo no llegara vivo a conocer a su bebé. ¿Qué creen que escondía ese audio: una amenaza, una confesión o algo todavía peor?
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