PARTE 2 Diego dejó el café sobre la mesa con demasiado cuidado. —Doña Elena —dijo, usando esa voz calmada que siempre le funcionaba—, creo que hay una confusión. Yo he estado administrando el dinero de Mariana para protegerla. Usted sabe que ella se pone mal con los números. Mi abuela no parpadeó. —Lo que sé es que mi nieta acaba de parir escondiendo una cuenta de hospital debajo de una revista mientras tú has recibido trescientos mil pesos al mes durante cuatro años. Yo tenía a Valentina pegada al pecho. No quería llorar. No quería gritar. Solo quería entender cómo mi vida entera podía haber sido construida sobre una mentira tan ordenada. Diego me miró, pero ya no con amor. Me miró como se mira a alguien que se está saliendo del papel que le dieron. —Mariana, acabas de tener una bebé. Estás cansada. No es momento para hacer dramas. Esa frase me atravesó. ¿Cuántas veces me había dicho eso? No es momento. No exageres. No entiendes. Yo me encargo. Confía en mí. Mi abuela levantó el teléfono. —Licenciada Torres, ya estoy con ella. Necesito estados de cuenta, movimientos, propiedades, inversiones y cualquier cosa ligada al nombre de Diego Salazar. Sí, hoy. No mañana. Diego apretó la mandíbula. —Esto es una invasión. —No —respondió ella—. Esto es una auditoría familiar. Veinte minutos después, la licenciada Torres llegó al hospital con una laptop y una carpeta negra. Era una mujer seria, de lentes delgados, que saludó apenas y empezó a revisar documentos como si ya hubiera visto demasiadas traiciones con corbata. Cada minuto que pasaba, el rostro de Diego se cerraba más. Primero apareció una cuenta de inversión solo a su nombre. Luego una transferencia mensual casi idéntica al depósito de mi abuela. Después, una propiedad en Puerto Vallarta comprada dos años antes, también a su nombre. Yo jamás había escuchado hablar de esa casa. —Era para nuestro futuro —dijo Diego. Me reí, pero sin alegría. —¿Nuestro futuro? Yo estaba trabajando de madrugada embarazada mientras tú comprabas una casa en la playa. —No entiendes cómo funcionan las inversiones. —No, Diego. Lo que no entendía era cómo funcionabas tú. La licenciada Torres giró la pantalla hacia mi abuela. —Hay algo más. El cuarto se quedó quieto. —Varias transferencias salieron hacia una cuenta personal de una mujer llamada Paola Rivas. Los montos son constantes. Renta, tarjetas, pagos médicos… incluso muebles. Sentí una punzada fría en el estómago. Paola. La “contadora” que Diego decía que le ayudaba con temas fiscales. La misma que una vez me mandó flores cuando perdí un embarazo temprano, firmando: “Con cariño, P.” —¿Quién es Paola? —pregunté. Diego no contestó de inmediato. Y ese silencio dijo más que cualquier mentira. Mi abuela se puso de pie. —Contesta. —Es una persona que trabaja conmigo. —¿También trabaja contigo en la casa de Puerto Vallarta? —preguntó la licenciada. Diego se volvió pálido. Yo miré a mi hija. Tan pequeña. Tan ajena a todo. Y entonces entendí que él no solo me había quitado dinero. Me había quitado años de tranquilidad, de dignidad, de decisiones. Me había hecho sentir una carga mientras financiaba una doble vida. —Vete —le dije. —Mariana, no seas impulsiva. —No estoy siendo impulsiva. Estoy despertando. Él dio un paso hacia la cama. Mi abuela se interpuso. —No te acerques. Por primera vez, Diego no supo qué hacer. Ya no podía convencerme, porque había papeles. Ya no podía llamarme exagerada, porque había montos. Ya no podía esconderse detrás de la palabra “familia”, porque la familia estaba frente a él, protegiéndome. Antes de salir, miró a Valentina. —No me vas a quitar a mi hija. Yo sentí miedo, pero también algo más fuerte. —No —le respondí—. La voy a sacar de la mentira donde tú querías criarla. Diego se fue dando un portazo suave, de esos que todavía intentan parecer decentes. La licenciada Torres cerró la laptop. —Mariana, necesitamos actuar rápido. Si él mueve el dinero esta noche, recuperar todo será más difícil. Mi abuela me miró. —Mija, hay una cosa más que debes saber antes de firmar cualquier denuncia. Y cuando escuché lo que dijo, entendí que la traición de Diego no había empezado conmigo. ¿Qué crees que escondía Diego desde antes de casarse con Mariana? La parte final revela algo que cambia toda la historia.
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