PARTE 2 Durante la cena me mandaron a una mesa del fondo…

envidiaste —escupió—. Por eso viniste hoy. —No. Yo no quería tu belleza. Quería que mamá no se avergonzara de abrazarme frente a la gente. Santiago se apartó de ella. —¿Es cierto? Renata no contestó. Y su silencio la condenó más que cualquier palabra. En ese momento se acercó un hombre de traje azul: Iván Robles, socio de Santiago. Me miró con sorpresa. —¿Mariana Ledesma? ¿La de Horizonte Capital? Asentí. —Usted salvó la reestructura de Grupo Naranjo —dijo frente a todos—. Su trabajo fue impecable. Vi cómo mi padre se quedaba rígido. Por primera vez, alguien importante pronunciaba mi nombre con respeto delante de él. Pero Iván bajó la voz. —Hay algo que debe saber. Su padre presentó hace meses un proyecto usando análisis financieros idénticos a los de su firma. Sentí la sangre helarse. —¿Qué? Iván me mostró unos documentos en su celular. Eran reportes privados, proyecciones, firmas alteradas. Y entre los correos reenviados aparecía un nombre que me rompió el estómago: Renata. La boda ya no era una boda. Era una bomba esperando explotar. Y lo peor era que Santiago acababa de ver el mismo correo en la pantalla.
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