Nunca le había dicho dónde iba a dar a luz.
Llamé inmediatamente a Vincent.
—Necesito hablar contigo.
Su voz cambió al escucharme.
—¿Qué ocurre?
—Sophia estuvo en el hospital cuando nació Noah.
Hubo un silencio.
—¿Qué?
Le envié la fotografía.
Pasaron varios segundos.
Después escuché su respiración agitada.
—Claire, esa fotografía no debería existir.
Sentí que las piernas me temblaban.
—¿Por qué?
Vincent respondió con una voz que apenas reconocí.
—Porque Sophia me dijo que había estado fuera del país durante aquella semana.
Dos días después, un investigador privado contratado por Vincent encontró registros de una visita de Sophia al hospital.
Había utilizado un nombre falso.
Y no había acudido sola.
Un hombre la acompañaba.
Cuando vi su fotografía, sentí que el mundo comenzaba a girar.
Era el doctor Samuel Reed.
El obstetra que había atendido mi parto.
—¿Qué significa esto? —pregunté.
Vincent observó los documentos.
—Todavía no lo sabemos.
Pero había algo más.
El investigador había encontrado una transferencia realizada por Sophia al doctor Reed tres días después del nacimiento de Noah.
La cantidad era considerable.
Sentí que las manos me temblaban.
—¿Por qué le
pagaría tanto dinero?
Vincent no respondió.
Aquella noche revisé todos los documentos médicos que había conservado.
El certificado de nacimiento.
Los informes del hospital.
Las fotografías.
Las notas de las enfermeras.
Entonces encontré algo extraño.
En una página del expediente aparecía una anotación escrita a mano.
Parto múltiple: evaluación neonatal adicional.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme.
Noah había sido mi único bebé.
Al menos eso me habían dicho.
Leí nuevamente la anotación.
Después busqué el informe original del parto.
Faltaban varias páginas.
A la mañana siguiente acudí al hospital.
Solicité una copia completa de mi historial.
La encargada de archivos revisó el sistema.
Su expresión cambió.
—Señora Bennett, hay una discrepancia en los registros.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué discrepancia?
La mujer dudó.
—El sistema indica que se emitieron dos identificadores neonatales durante su parto.
Me quedé inmóvil.
—¿Dos?
Asintió.
—Sí.
Sentí que el aire desaparecía de mis pulmones.
—Pero yo solamente tuve un hijo.
La mujer bajó la mirada.
—Eso es lo que necesitamos aclarar.
Salí del hospital temblando.
Llamé a Vincent.
—Tenemos que encontrarnos.
—Claire, ¿qué sucede?
Apenas podía hablar.
—Creo que Sophia me ocultó algo sobre el nacimiento de Noah.
Vincent guardó silencio.
—¿Qué cosa?
Las lágrimas comenzaron a caer.
—No lo sé todavía. Pero los registros médicos indican que hubo dos bebés.
Escuché cómo Vincent contenía la respiración.
—Claire…
—Necesito saber qué ocurrió aquella noche.
Una hora después, Vincent llegó al hospital acompañado por su abogado.
Nos reunimos con el director médico.
Después de revisar los documentos disponibles, el hombre nos explicó que sería necesaria una investigación formal para determinar si los registros eran correctos.
Pero entonces recibió una llamada.
Su expresión cambió.
Nos observó con evidente preocupación.
—Señora Bennett, acaba de comunicarse con nosotros una antigua enfermera.
Sentí que el corazón comenzaba a golpearme.
—¿Qué quiere?
El director respiró profundamente.
—Dice que estuvo presente durante su parto.
Me levanté inmediatamente.
—¿Y qué recuerda?
El hombre guardó silencio durante varios segundos.
Finalmente respondió:
—Asegura que usted dio a luz a dos bebés.
Sentí que el mundo se detenía.
Vincent me sostuvo antes de que perdiera el equilibrio.
—Eso es imposible —susurré.
El director continuó:
—Según su declaración, ambos nacieron vivos.
Las lágrimas comenzaron a caer.
—Entonces… ¿dónde está el otro?
El director bajó la mirada.
—La enfermera afirma que una mujer autorizada mediante documentación irregular retiró al segundo bebé del área neonatal.
Sentí que el corazón se me rompía.
—¿Qué mujer?
Hubo un silencio.
Después pronunció el nombre que más temía escuchar.
—Sophia Reynolds.
Aquella noche, Vincent regresó a Chicago para enfrentarse a Sophia.
Pero cuando llegó a la mansión, la encontró vacía.
Sus pertenencias habían desaparecido.
Su teléfono estaba apagado.
Y sobre el escritorio
había una carta.
Vincent la abrió lentamente.
Solo contenía tres líneas.
Vincent:
Durante dieciocho años criaste al hijo que creías tuyo.
Ahora ha llegado el momento de descubrir quién es realmente Ethan.
Vincent sintió que el corazón se detenía.
Porque Ethan, el hijo que había criado con Sophia desde su nacimiento, tenía exactamente la misma edad que Noah.
Y por primera vez comprendió que aquella mujer quizá no solamente había ocultado a uno de sus hijos.
Podría haberle arrebatado un gemelo a Claire y haberlo criado delante de sus propios ojos durante dieciocho años.
