Una mujer que llevaba años limpiando mis suelos estaba dispuesta a asumir la culpa por una niña que había descubierto la verdad.
—Nadie va a castigarla, Elena.
Ella me miró desconcertada.
Me senté frente a ambas.
—Necesito preguntarte algo sobre Daniel.
Elena apretó la mano de Lily.
—¿Qué quiere saber?
—¿Alguna vez te dijo que sospechaba de Lorenzo?
Su expresión cambió inmediatamente.
—Sí.
Sentí un golpe en el pecho.
—¿Cuándo?
—Dos días antes de desaparecer.
Elena comenzó a llorar.
—Daniel encontró transferencias extrañas. Dijo que alguien estaba utilizando las cuentas de su departamento para mover dinero.
—¿Por qué no me lo contó?
Ella levantó la mirada.
—Lo intentó.
Me quedé inmóvil.
—¿Qué?
—Fue a su despacho tres veces. Pero Lorenzo siempre le decía que usted estaba ocupado.
Recordé aquellos días.
Las reuniones interminables.
Las llamadas urgentes.
Los informes que mi hermano me entregaba personalmente.
Y entonces comprendí cómo había ocurrido todo.
No había sido solamente engañado.
Había permitido que otra persona decidiera quién merecía ser escuchado.
Aquella tarde, Marcus descubrió una segunda grabación.
No procedía del sistema principal.
Había sido recuperada de un dispositivo de almacenamiento que Daniel utilizaba para comprobar el funcionamiento de las cámaras.
La imagen mostraba el estacionamiento subterráneo del restaurante.
Daniel aparecía hablando con Lorenzo.
La conversación no tenía sonido.
Pero los movimientos eran claros.
Daniel sostenía una carpeta.
Lorenzo intentaba quitársela.
Después apareció una tercera persona.
Una mujer con abrigo rojo.
Victoria.
Sentí que el aire abandonaba mis pulmones.
En la grabación, Victoria se acercó a Daniel y le entregó algo.
Él lo observó.
Después retrocedió bruscamente.
La grabación terminó.
—¿Qué le entregó? —pregunté.
Marcus amplió la imagen.
Era una fotografía.
Una fotografía de una niña.
Lily.
Mi mandíbula se tensó.
Habían utilizado a su hija para presionarlo.
Esa noche reuní a Lorenzo y Victoria en el comedor.
No había invitados.
No había música.
Solo una mesa larga, tres sillas y una carpeta llena de pruebas.
Victoria entró primero.
—Dante, ¿qué significa esto?
Lorenzo apareció detrás de ella.
Ambos se detuvieron cuando vieron las fotografías.
—Siéntense —ordené.
Victoria intentó sonreír.
—Cariño, estás exagerando.
Coloqué la imagen de Daniel sobre la mesa.
—Ese hombre murió después de ser acusado de traicionarme.
Nadie respondió.
—Ahora tengo pruebas de que alguien manipuló los registros utilizados para incriminarlo.
Lorenzo miró hacia la puerta.
—Dante…
—Todavía no he terminado.
Deslicé la fotografía del estacionamiento.
Victoria palideció.
—Quiero saber qué ocurrió aquella noche.
El silencio se prolongó.
Finalmente, Lorenzo bajó la cabeza.
—Fue un accidente.
Sentí que el corazón se detenía.
—¿Qué fue un accidente?
Mi hermano comenzó a temblar.
—Daniel descubrió las transferencias. Amenazó con denunciarlo todo. Intentamos convencerlo de que guardara silencio.
—¿Quiénes?
Lorenzo miró a Victoria.
Ella cerró los ojos.
Y entonces lo comprendí.
La traición no había comenzado fuera de mi familia.
Había nacido dentro de ella.
Pero antes de que pudiera continuar, Marcus entró apresuradamente.
—Jefe, tenemos un problema.
Me volví.
—¿Qué ocurre?
—Elena Hayes ha desaparecido.
Me levanté bruscamente.
—¿Y Lily?
Marcus tragó saliva.
—La niña está en su habitación. Dice que su madre salió después de recibir una llamada.
Sentí un escalofrío.
Miré a Lorenzo.
Después a Victoria.
—¿Qué han hecho?
Victoria comenzó a llorar.
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