PARTE 2: LA MUJER QUE TODOS SUBESTIMARON

Una hora después, Ethan y yo estábamos sentados en una habitación privada.

Mi hijo sostenía mi mano.

—Mamá, no entiendo cómo pude equivocarme tanto con Vanessa.

Suspiré.

—Porque cuando amamos a alguien, a veces vemos lo que deseamos ver.

Ethan bajó la cabeza.

—Lo siento.

—No tienes que disculparte por las decisiones de otra persona.

Él me miró.

—Pero sí por no haber visto cómo trataba a los demás.

Le apreté suavemente la mano.

—Entonces aprende de esto.

En ese momento, mi teléfono vibró.

Era mi abogado, Jonathan Price.

—Eleanor, encontramos algo preocupante en la documentación del proyecto Mitchell.

Fruncí el ceño.

—¿Qué ocurrió?

—Hay discrepancias importantes en los estados financieros.

Me incorporé.

—¿De qué magnitud?

—Aproximadamente dieciocho millones de dólares.

Sentí un escalofrío.

—¿Dinero desaparecido?

—Posiblemente desviado. Todavía estamos verificándolo.

A la mañana siguiente, Jonathan llegó a mi oficina con una carpeta.

—Eleanor, tenemos pruebas de que George Mitchell utilizó compañías ficticias para inflar el valor de varios terrenos.

Examiné los documentos.

—¿Ethan está involucrado?

Jonathan negó con la cabeza.

—No encontramos evidencia de eso.

Solté el aire.

Pero entonces añadió:

—Hay algo más.

Me entregó una copia de un contrato.

En la última página aparecía la firma de Vanessa.

—¿Qué significa esto?

—Vanessa figura como beneficiaria de una sociedad que recibiría una comisión millonaria si el matrimonio con Ethan se celebraba antes de finalizar el año.

Me quedé inmóvil.

—¿Una comisión por casarse?

—Eso parece.

Sentí que la sangre me hervía.

Mi hijo no había sido simplemente engañado por una mujer ambiciosa.

Había sido elegido como parte de una operación financiera.

Aquella tarde, Ethan entró en mi despacho.

Su rostro estaba pálido.

—Mamá, necesito mostrarte algo.

Sacó una pequeña caja de terciopelo.

Dentro había un anillo de compromiso.

Pero no era el que había comprado para Vanessa.

Era otro.

Mucho más antiguo.

Reconocí inmediatamente el diseño.

Pertenecía a mi difunto esposo, William.

—¿Dónde encontraste esto?

Ethan tragó saliva.

—Vanessa lo tenía escondido entre sus cosas.

Sentí un nudo en la garganta.

—Ese anillo desapareció de nuestra casa hace seis meses.

Mi hijo cerró los ojos.

—Mamá… creo que Vanessa estuvo investigando nuestra familia desde mucho antes de conocerme.

Esa noche, Jonathan me llamó urgentemente.

—Eleanor, encontramos una transferencia bancaria que relaciona a los Mitchell con alguien de su pasado.

Me quedé inmóvil.

—¿Quién?

—Un hombre llamado Charles Whitmore.

Sentí que el corazón se me detenía.

Charles había sido el socio de mi esposo.

Y también el hombre al que siempre había sospechado de haber provocado su ruina financiera antes de morir.

—Eso es imposible —susurré—. Charles falleció hace doce años.

Jonathan guardó silencio.

Después respondió:

—Eso creíamos todos.

Me levanté lentamente.

—¿Qué estás diciendo?

—Encontramos documentos recientes firmados con su identidad. Y una fotografía tomada hace apenas dos meses.

Mis manos comenzaron a temblar.

—¿Dónde?

—En una reunión privada con George Mitchell.

Miré el retrato de William sobre mi escritorio.

Durante años había creído que su muerte fue consecuencia de un ataque cardíaco provocado por el estrés.

Pero entonces Jonathan pronunció unas palabras que me dejaron completamente paralizada.

—Eleanor, encontramos una carta escrita por William tres días antes de morir.

Sentí que el aire desaparecía.

—¿Qué dice?

Jonathan respiró profundamente.

—«Si algo me ocurre, protege a Eleanor y a Ethan. Charles ha descubierto quién es realmente nuestro hijo, y temo que intente utilizarlo para quedarse con todo».

Me aferré al escritorio.

—¿Qué significa «quién es realmente nuestro hijo»?

Jonathan tardó varios segundos en responder.

—Eleanor, hay documentos que indican que William ocultó información sobre el nacimiento de Ethan. Y Charles Whitmore acaba de presentar una reclamación legal afirmando que es su padre biológico.

Me quedé sin respiración.

Porque había algo que Jonathan no sabía.

Algo que William y yo habíamos jurado llevarnos a la tumba.

Ethan no había sido adoptado. Pero tampoco era hijo biológico de William.

Y si Charles Whitmore había descubierto la verdad…

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