PARTE 2: LAS TRES HIJAS QUE HICIERON TEMBLAR AL HOMBRE MÁS PODEROSO DEL TRIBUNAL

—¿José Manuel Hernández?

Sofía frunció el ceño.

—Sí. Don Chema.

La respiración de Mariana se volvió agitada.

—Sofía… ese hombre no es un desconocido para mí.

La joven sintió un escalofrío.

—¿Qué quiere decir?

Mariana comenzó a llorar nuevamente.

—Hace veinticuatro años, antes de que nacieras, José Manuel trabajaba ocasionalmente para nuestra familia.

Sofía miró lentamente a su padre.

El anciano había cerrado los ojos.

—Mamá, ¿qué estás diciendo?

Mariana pronunció las siguientes palabras con la voz rota.

—José Manuel fue la última persona que intentó protegerme cuando mi hermano quiso quitarme a mi bebé.

Sofía quedó inmóvil.

Miró a Don Chema.

—Papá… ¿tú conocías a mi madre?

El anciano comenzó a llorar.—Sí, hija.

—¿Desde cuándo?

Chema bajó la cabeza.

—Desde antes de que nacieras.

Las tres hermanas permanecieron paralizadas.

Sofía sintió que el corazón se le rompía.

—Entonces, ¿por qué me dijiste que me encontraste por casualidad?

Don Chema levantó lentamente la mirada.

Sus ojos estaban llenos de un dolor que había cargado durante veinticuatro años.

—Porque aquella noche hice una promesa.

Sofía apenas podía respirar.

—¿Qué promesa?

El anciano apretó su mano.

—Prometí salvarte, aunque para hacerlo tendría que permitir que todos creyeran que yo había robado a una niña.

Entonces Mariana gritó al otro lado del teléfono:

—¡Sofía, aléjate del tribunal! ¡Tu tío acaba de descubrir que tenemos las pruebas originales!

Se cerró un golpe.

Después, la llamada se cortó.

Y en ese preciso instante, dos agentes entraron apresuradamente en la sala.

Uno se acercó al juez y le entregó un documento.El magistrado lo leyó.

Su rostro cambió por completo.

Luego levantó la vista hacia Don Chema.

—Señor Hernández, acaba de surgir una prueba relacionada con un delito ocurrido hace veinticuatro años.

Sofía se puso de pie.

—¿Qué prueba?

El juez guardó silencio durante unos segundos.

Finalmente respondió:

—Una grabación en la que el director Robles confiesa quién ordenó desaparecer a Sofía… y quién provocó realmente la muerte del hijo de Don Chema.

El anciano soltó un gemido desgarrador.

Sus hijas lo abrazaron.

Y Sofía comprendió que el robo de 850.000 pesos era apenas la superficie de una venganza que había comenzado mucho antes de su nacimiento.

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