Parte 2 : Lo abrí ahí parada, en plena banqueta, con la lluvia pegándole al papel y aguándome la tinta.

Parte 2 :
Lo abrí ahí parada, en plena banqueta, con la lluvia pegándole al papel y aguándome la tinta.
Era una hoja del IMSS. Unos análisis y una de esas referencias que te urgen a ir.
No le entendí casi nada. Puras palabras de doctor.
Pero había unas subrayadas. Con pluma. Con la letra temblorosa de doña Gloria.
“Retención de líquidos.” “Función renal.” “Edema.” “Urge valoración cardiológica.”
Y hasta abajo, de su puño y letra, una nota: “Mija, no es gordura. Por favor ve.”
Me quedé viendo esas tres letras —edema— hasta que el agua se las comió del papel.
No estaba gorda.
Me estaba enfermando hacía dos años, y la única que se había dado cuenta era la mujer que yo acababa de aventar bajo la lluvia.
¿Se acuerdan de los tobillos que se me hinchaban como globos en la tarde? ¿De los anillos que dejaron de entrarme?
Yo le decía gordura. Le decía edad. Le decía estar sentada en el trabajo.
Era mi cuerpo gritando auxilio, y yo tapándole la boca con vergüenza.
Y todavía no entendía lo peor. No entendía por qué esa mujer, si sabía esto, me lo había gritado con un vestido enfrente de toda mi familia en lugar de decírmelo bonito.
A eso voy. Aguántenme.
Camilo salió a la lluvia atrás de mí. Me quitó la hoja de las manos sin decir nada y la leyó. Le tembló la quijada.
—Mi mamá fue sola al Seguro —me dijo—. Con tu CURP. Peleó en ventanilla para que te dieran cita. Tú llevabas meses diciendo que no tenías nada.
Me acordé. Es cierto. La doctora del centro de salud me había dicho que me checara los riñones y yo le dije a Camilo que era pura paranoia de vieja, que me veían gorda y ya.
—Llevaba semanas rogándome que te llevara —siguió Camilo, con la voz quebrada—. Y yo no quería oírla. Te juro que no quería oírla.
Ahí me cayó el primer veinte.
Los “ay, mija, ¿otra tortilla?”. El “deberías cuidarte”. El “Camilo merece una esposa que se cuide”.
Yo lo oía como burla. Como una vieja amargada metiéndose con mi cuerpo.
Pero era una mujer aterrada diciéndome lo único que sabía decir, de la única forma horrible que se le ocurría, porque por las buenas yo nunca le hice caso.
Y aun así. Aun así no me cuadraba lo del vestido. Una cosa es preocuparse. Otra es humillarte enfrente de tu mamá.
Esa pieza me faltaba. Y cuando la encontré, me partió en dos.
Entré a la casa empapada. Camilo se quedó afuera hablándole por teléfono a su mamá, que no contestaba.
Me senté en la sala, donde dos horas antes le había puesto a doña Gloria la cajita del regalo en las piernas como una venganza.
La cajita seguía ahí. El vestido adentro, arrugado de cuando se lo aventé.
Lo saqué. Lo extendí en mis piernas.
Y lo vi de verdad por primera vez.
No era un vestido de tienda. Eso ya me había parecido raro en mi cumpleaños, pero con el coraje no me detuve a pensarlo. No tenía etiqueta. Estaba lavado mil veces, suavecito, la tela ya transparente de tan usada.
Olía a un perfume viejo. Uno dulzón, de señora, que no era de doña Gloria.
Lo apreté contra mi cara sin saber por qué, y me solté llorando sin saber por quién.
Voy a ser honesta con ustedes, porque si no, esto no sirve.
Yo odié a doña Gloria tres años. La odié con ganas. Cada comentario suyo lo guardé como piedra para tirársela algún día. Y ayer se la tiré toda junta, con maletas y lluvia, y me sentí libre.
Lo que no les he dicho es lo que sentí cuando la vi salir corriendo al patio, viejita, a rescatar sus cosas bajo el agua.
Me sentí bien.
Y esa es la parte que no me voy a perdonar.
Porque mientras yo me sentía bien, esa mujer estaba salvándome la vida y yo ni cuenta me daba.
Había una hija en esa familia de la que nadie hablaba. Rosario. Cada vez que alguien la nombraba, doña Gloria se salía del cuarto.
Yo nunca pregunté de más. Pero esa noche, con el vestido en la cara y ese perfume dulzón metido en la nariz, me cayó un frío en la espalda que no era de la ropa mojada.
Agarré las llaves del coche.
Camilo me gritó que dónde iba con esa lluvia. No le contesté. Algunas cosas no se explican antes. Se hacen.
Parte 3 :  Continua en la siguiente pagina

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