PARTE 2 Lucía no durmió esa noche. Una señora que atendía el Oxxo le regaló un café y …..

que nunca terminó la primaria porque “no había dinero ni necesidad”; que Ernesto le hizo una ceremonia con un padre amigo de la familia, sin registro civil, sin acta, sin nada; que desde entonces todos la llamaban esposa, pero ella seguía cocinando, limpiando y cuidando a doña Ofelia como antes. Samuel dejó de escribir. —¿Usted firmó acta de matrimonio? —No. Ernesto dijo que eso era para gente desconfiada. —¿Recibía sueldo por su trabajo en la casa? Lucía negó con la cabeza. —Me daban ropa usada, comida y un cuarto. Decían que eso era suficiente. Samuel respiró hondo. —Lucía, esto no es solo violencia familiar. Hay posible explotación laboral, fraude y abuso de una persona en situación vulnerable. Y lo de su mamá puede ser gravísimo. A ella se le doblaron las manos. —Pero él siempre dijo que yo era su esposa. —Decirlo no lo vuelve cierto. Y usar esa mentira para obligarla a trabajar lo vuelve peor. El golpe de esa frase la dejó sin aire. No era esposa. No era parte de esa familia. Había sido una sirvienta sin sueldo a la que vistieron de “señora” para que no reclamara. Samuel pidió revisar a la madre. —Necesitamos hablar con doña Teresa. Si ella confirma los años de trabajo y tiene documentos, podemos actuar. Lucía sintió pánico. —Ernesto controla la clínica. —Entonces vamos con cuidado. Al día siguiente fueron a la Clínica San Arcadio. En recepción, una enfermera revisó la computadora y frunció el ceño. —Doña Teresa fue trasladada hace 3 días. Lucía se quedó helada. —¿A dónde? La enfermera bajó la voz. —No debería decirlo, pero aquí aparece que la sacó un familiar autorizado: Ernesto Salinas. Lucía sintió que el mundo se le movía. Ernesto no era su esposo legal, pero sí había firmado documentos sobre su madre como si tuviera derecho. Samuel pidió copia del registro. La enfermera dudó, luego le entregó una foto tomada con el celular. Esa misma tarde, Lucía recibió un sobre sin remitente en el cuartito. Dentro venía una foto de su mamá sentada en una silla, con la mirada perdida, en un patio desconocido. Atrás había una nota escrita con plumón negro: “Todavía puedes volver a limpiar el desastre que hiciste.” Lucía tembló, pero no se quebró. Llamó a Samuel. —Ya no quiero esconderme. Quiero encontrar a mi mamá y quiero pruebas. Samuel guardó silencio un segundo. —Entonces prepárate, porque si Ernesto movió a doña Teresa, es porque ella sabe algo que puede hundirlos. Esa noche, Fernanda encontró en Facebook un video de la fiesta. En el fondo, mientras Lucía tiraba el pastel, se veía a doña Ofelia gritándole a una invitada: “Esa muchcha no se puede ir, es nuestra desde que nació.” Lucía vio el video 5 veces, con el corazón golpeándole las costillas. Al amanecer, Samuel recibió una llamada de un número oculto. Solo dijo 4 palabras antes de colgar: —Busquen en la bodega. Y Lucía entendió que la verdad estaba más cerca, pero también que Ernesto iba un paso adelante. ¿Qué crees que escondía esa bodega y quién se atrevería a traicionar a Ernesto justo cuando todo estaba por explotar?
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