Ofelia sacó los aretes de oro y se los puso en la mano. “Tu primera herencia, mijo”. Él sonrió limpiándose las lágrimas. Marcela se acercó tímida. “Soy tu hermana… y la neta, no sé cómo se hace esto”. Daniel le tomó la mano. “Yo tampoco, pero podemos empezar sin mentiras”.
A la semana siguiente, Ofelia fue al panteón y abrió la tumba de su bebé. La cajita, efectivamente, solo tenía piedras. Tiró 1 puño de tierra y se fue sin mirar atrás. Consuelo murió 3 meses después, apestada, en medio del escándalo y sin que 1 solo nieto fuera a su funeral. Ofelia también bajó los retratos de Efraín y los metió en 1 caja de cartón al fondo del clóset.
La primera Navidad juntos fue un milagro. Marcela preparó romeritos. Daniel arregló 1 silla del comedor y la nieta universitaria puso el nacimiento. Ofelia servía ponche caliente sintiendo que su casa por fin estaba llena.
Daniel salió al patio con 2 tazas de ponche y le dio 1 a Ofelia. Recargó su cabeza canosa en el hombro de su madre. Ofelia le acarició el pelo. Nunca imaginó que acostarse con 1 extraño por pura soledad iba a ser la llave que le devolvería la vida. Levantó la mirada al cielo y sonrió. Esta vez, nadie se lo iba a quitar.