SE OBLIGÓ A CASARSE CON EL “CERTAMENTE MULTIMILLONARIO” PARA PAGAR LAS DEUDAS DE SU FAMILIA.V

“Tal vez te duela que te hayan herido con sus palabras. No te preocupes. Estoy aquí. Soy tu esposa. No te abandonaré.”

Baste escuchó cada palabra.

Y bajo su gruesa “piel”, su corazón se fue ablandando poco a poco.

EL GRAN BAILE BENÉFICO

Llegó la noche del Gran Baile Benéfico, la primera vez que Baste presentaría a Clara a la alta sociedad.

La vistió con un deslumbrante vestido rojo y joyas carísimas.

Él mismo vestía un esmoquin, que aún le quedaba ajustado a su enorme cuerpo.

Todas las miradas se posaron en ellos cuando entraron al salón de baile.

Se le acercó una mujer: Vanessa, la exnovia de Baste de antes de que engordara, según los rumores. En realidad, fue Vanessa quien hizo que Baste perdiera la confianza en las mujeres.

“¡Ay, Dios mío, Sebastián!”, exclamó Vanessa riendo.
“¡Te has hecho aún más grande! ¿Es esta la mujer que compraste? ¿Cuánto te costó? Parece una cazafortunas.”

Las amigas de Vanessa se rieron.

“La pareja perfecta: la bestia y la mujer a sueldo.”

Baste bajó la cabeza.

Esperó a que Clara llorara.

Alejarse.

Sentir vergüenza.

Pero estaba equivocado.

Clara soltó la silla de ruedas y dio un paso al frente.

—Disculpe —dijo con firmeza.

“No llames monstruo a mi marido.”

Vanessa se quedó paralizada.

“¿Disculpe?”

—Sí, es grande. Sí, no es tan refinado como vuestros maridos —dijo Clara en voz lo suficientemente alta como para que todos la oyeran.

“Pero este hombre tiene un corazón más grande que el de todos ustedes juntos. Me casé con él por deudas, lo admito.”

Pero me quedé porque durante tres meses vi la bondad a la que uno se niega a ver porque solo se fija en las apariencias.

Clara puso su mano sobre el hombro de Baste.

“Estoy orgullosa de ser la señora Montemayor. Y prefiero pasar mi vida con este ‘cerdo’ que con gente de plástico como usted.”

Todo el salón de baile quedó en silencio.

Vanessa se quedó humillada.

Baste miró a Clara y vio valentía, lealtad y amor.

Ella era la mujer que él había estado esperando.

—Clara —susurró Baste.

“Vámonos a casa.”

PART 2
LA VERDAD

De vuelta en la mansión, Clara guió a Baste hasta el dormitorio.

—¿Le preparo el té, Don Baste? —preguntó ella con dulzura.

—No —respondió Baste.

Su voz cambió.

Ya no era ronca ni áspera, sino profunda, suave e innegablemente cautivadora.

“Clara… mírame.”

Lentamente, Baste se puso de pie de la silla de ruedas.

Clara jadeó.

“¿P-puedes ponerte de pie?”

—Hay muchas cosas que puedo hacer, Clara —dijo con una sonrisa.

Se giró hacia el espejo, se llevó la mano a la nuca y se arrancó una fina tira de silicona.

Los ojos de Clara se abrieron de par en par.

Lentamente, Baste comenzó a quitarse el disfraz.

Se quitó la máscara protésica que hacía que su rostro pareciera lleno de cicatrices e hinchado.

Se quitó el traje de 50 kilogramos que llevaba puesto.

Se quitó la peluca calva.

En cuestión de minutos, el “Cerdo Multimillonario” había desaparecido.

Frente a Clara se encontraba un hombre de unos treinta y pocos años: alto, musculoso, de rasgos afilados y de una belleza impresionante.
“Las puertas de esta mansión están abiertas solo para aquellos con corazones sinceros”, dijo Sebastián en una entrevista.

Clara y Sebastián vivieron felices para siempre

⏬ Continua en la siguiente pagina ⏬

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *