De repente, uno de los técnicos forenses gritó desde el rincón más alejado del búnker.
“¡Señor! ¡Si quan Reyes! ¡Tiene que ver esto! Encontramos la fuente de alimentación principal… todavía está recibiendo energía de una línea subterránea. Y este monitor acaba de encenderse.”
Tomás y Mariana corrieron hacia una pesada y obsoleta terminal de computadora empotrada en la pared de concreto. La pantalla verde monocromática parpadeaba frenéticamente, mostrando una serie de datos de telemetría de diagnóstico.
El corazón de Tomás dejó de latir.
La pantalla mostraba datos biométricos en tiempo real. Frecuencia cardíaca: 112 lpm. Temperatura corporal: 40,1 °C. Presión vascular: crítica.
Estos eran los registros médicos de Lili, que reflejaban a la perfección las pantallas del Hospital General de San Miguel. Esta terminal seguía monitorizando activamente la entidad que habitaba en su interior.
Pero eso no fue lo que impulsó a Tomás a sacar su arma.
En la parte inferior de la pantalla verde apareció un mensaje parpadeante: una cuenta regresiva digital que no estaba allí un segundo antes, activada por el repentino aumento de temperatura de Lili durante su reciente crisis.
[CICLO DE GESTIÓN: 99,8% COMPLETADO] [TIEMPO ANTES DE LA ROTURA: 00:14:22]
Catorce minutos.
—¡Dios mío! —exclamó Mariana, llevándose la mano al pecho—. El médico va a operar. Si cortan este tumor cuando esté completamente desarrollado…
Antes de que pudiera terminar su frase, la pesada trampilla de hierro en lo alto de la escalera de hormigón se cerró de golpe con un fuerte y ensordecedor CLANG.
Las luces del búnker se apagaron al instante, sumiéndolos en la oscuridad total, a excepción del extraño resplandor verde de la pantalla del terminal.
Desde lo alto de la escalera, el fuerte y pesado clic de una cerradura exterior resuena a través de las paredes de hormigón. Luego, el sonido de un ventilador que se detiene bruscamente.
Y desde las sombras tras las cubas de incubación, comenzó a resonar un sonido sordo, húmedo y estridente: algo pesado que se deslizaba desde una tubería de desagüe que se adentraba cada vez más en las entrañas olvidadas de la ciudad.
Tomás alzó su linterna, cuyo haz de luz atravesó la oscuridad, para iluminar únicamente un par de dedos pálidos y alargados que se aferraban al borde de la bañera de cristal rota.
¿Qué información oculta el sistema? ¿Logrará Tomás escapar del búnker antes de que termine la cuenta regresiva de catorce minutos, o el Dr. Velázquez desatará sin querer una verdadera pesadilla en la mesa de operaciones?