El silencio volvió a reinar. Pero esta vez, era 1 silencio mortal.
Isabella, al verse acorralada y sin salida, dejó caer su máscara de dulzura. Su rostro se retorció en 1 mueca de odio infinito.
—¡Sí, lo hice! —gritó histérica, escupiendo sus palabras con veneno—. ¡Esa estúpida mujer tuya no merecía ser la reina de este imperio! ¡Yo merezco todo el poder! ¡Yo soy la verdadera dueña! Y ese maldito escuincle arruinó mis planes al sobrevivir al ataque de hace 2 años.
Alejandro Ríos no gritó. No la golpeó. Simplemente la miró con la oscuridad absoluta que lo había convertido en el Capo más temido de todo México. Su voz sonó tan baja y sepulcral que heló la sangre de todos los presentes.
—Llévense a esta basura y al matasanos al Rancho número 3 en la sierra —ordenó a sus hombres—. Asegúrense de que su sufrimiento dure exactamente 2 años. Ni 1 día más, ni 1 día menos. Que rueguen por la muerte a cada segundo.
Isabella y el falso doctor comenzaron a gritar desgarradoramente mientras los guardias los arrastraban por el pasillo de mármol, desapareciendo para siempre de la faz de la tierra. La justicia de los cárteles no perdona, y la venganza de 1 padre es el infierno mismo.
Cuando la habitación quedó en silencio, el hombre más poderoso de la ciudad cayó de rodillas, soltando el arma en el piso. Alejandro Ríos, el monstruo intocable, se echó a llorar desconsoladamente. Extendió sus enormes brazos y Mateo corrió hacia él. Se abrazaron con una fuerza que parecía querer sanar 2 años de pesadillas en 1 solo instante.
Valeria observaba la escena, con lágrimas en los ojos, recogiendo lentamente sus cosas para marcharse a su humilde vecindad. Sabía que su hermano tal vez no tendría oportunidad, pero su corazón estaba en paz al haber salvado a ese pequeño.
—Tú… —la voz de Alejandro la detuvo en seco. Se secó las lágrimas y se levantó, cargando a Mateo en sus brazos—. ¿Cómo dijiste que te llamabas, muchacha?
—Valeria, Patrón. Valeria Gómez.
—Valeria. Hoy le salvaste la vida, la mente y el alma a lo único que amo en este mundo maldito. Y me abriste los ojos.
Alejandro sacó su teléfono celular y marcó 1 número.
—Prepara el jet privado —ordenó el Capo por la línea—. Quiero a los 3 mejores cirujanos cardiovasculares de Houston esperando en el mejor hospital privado de Monterrey. Y transfiere 5000000 de pesos a la cuenta de la familia Gómez. De ahora en adelante, esa familia está bajo la protección absoluta de los Ríos. Quien se atreva a tocarlos, conocerá la ira de este cartel.
Valeria cayó de rodillas, llorando de pura gratitud. 1 milagro había ocurrido.
Esa noche, la ciudad de Monterrey durmió tranquila, ignorando la brutalidad y la justicia que se había desencadenado en lo alto de la montaña. A veces, las personas con más poder y riqueza en el mundo son las más ciegas ante la maldad que duerme en sus propias sábanas. Y en ocasiones, se necesita a la persona más humilde, armada con nada más que el amor puro y 1 trapeador, para limpiar la suciedad más oscura de 1 imperio y devolverle la luz a 1 niño roto.