—¿Sin secretos?
—Sin secretos.
Hace dos meses, fui a la jubilación de mi maestra de tesis, en un hotel de Reforma.
No esperaba ver a Lucas.
Pero ahí estaba. Más flaco. Más canoso. Sosteniendo una copa de vino que no se tomaba. Estaba solo.
Me dolió verlo. Eso es lo que no esperaba.
Me acerqué porque no me iba a esconder en una fiesta de mi propia maestra.
—Hola, Lucas.
—Clara. Te ves bien.
—Tú también.
Le mentí. Se veía mal. Tenía manchas amarillas en los dedos de fumar. Lucas no fumaba cuando estábamos casados.
—¿Trabajas?
—En Querétaro. Cuestiones civiles. Cosas chicas.
—Clara. ¿Te puedo decir una cosa rápida? Perdóname. Sé que ya pasó. Sé que no sirve de nada. Pero perdóname.
Lo miré.
No sentí lo que había imaginado años atrás. No sentí victoria. No sentí cierre.
Sentí pena. Pena por él. Pena por la Clara joven que se casó con él. Pena por los dos.
—Gracias por decirlo, Lucas.
No le dije te perdono. No quise mentir. Lo perdoné meses después, sola, en mi sillón verde olivo, una noche cualquiera. Pero ahí, en esa fiesta, no me salió.
En ese momento entró Emilio al salón, buscándome.
Lucas lo vio. Entendió.
—¿Es él?
—Sí.
—¿Te trata bien?
—Me trata bien.
—Cuídate, Clara.
—Tú también.
Caminé hacia Emilio. Me agarró la mano.
—¿Estás bien? —me preguntó después, en el coche.
Lo pensé.
—Sí. De verdad.
Y era verdad. No una verdad triunfal. No una verdad de telenovela. Una verdad chiquita, de las que sirven. Estaba bien.
Hoy sigo dando clase. Misma universidad. Mis alumnos no saben nada de Lumière.
Pero algo sí les digo, cuando llegamos al tema de análisis de riesgo:
—Aprendan a ver las señales. No las que les conviene ver. Las que están ahí.
A veces alguno se ríe nervioso, porque entienden que no estoy hablando de empresas.
Lucas llevó a otra a Lumière. Yo llevé a su marido a la mesa de junto. Eso sí pasó. No me arrepiento de haberlo hecho. Me arrepiento de cómo le tembló la voz a Emilio cuando dijo “esto no puede ser.” Eso sí lo cargo todavía, a veces, cuando no puedo dormir.
Pero hubiera dejado de hablarme conmigo misma si me hubiera quedado callada.
A veces eso es lo único que se puede hacer. Hablar, aunque te tiemblen las manos.
💚 Y ustedes, díganme: ¿habrían enfrentado a Lucas y a Sofía en pleno restaurante, en el Polanco más elegante? ¿O se habrían quedado calladitas juntando pruebas para divorciarse sin escándalo? ❤️
Cuéntenme en los comentarios. A las que han leído hasta acá: les mando un abrazo grandote. Salud, paz, y que nunca, jamás, ninguna les diga “vieja” con desprecio en lo que les queda de vida. ❤️