La puerta cerrada cambió todo. Hasta ese día, Mariana había querido convencerse de que podía esperar…

PARTE 2:
La puerta cerrada cambió todo.
Hasta ese día, Mariana había querido convencerse de que podía esperar, observar un poco más, buscar una forma segura de hablar con Santiago. Pero cuando vio la llave en la mano de Camila, entendió que ya no se trataba de malos cuidados ni de una nuera cruel. Era una prisión dentro de una mansión.
—Por su seguridad —dijo Camila, guardándose la llave en el bolso—. Últimamente se levanta mucho y puede caerse. Tú no entres a menos que yo te lo ordene.
Mariana asintió, pero sintió que el corazón le golpeaba las costillas.
Durante 2 días, doña Consuelo casi no salió de su cuarto. Las bandejas de comida se quedaban en el pasillo durante horas. Camila decía que la señora no quería comer, pero Mariana veía que ni siquiera le abría la puerta para ofrecérsela. Por la noche, desde la lavandería, escuchaba golpes suaves contra la madera.
Toc. Toc. Toc.
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