La puerta cerrada cambió todo. Hasta ese día, Mariana había querido convencerse de que podía esperar…

Como si doña Consuelo pidiera ayuda sin atreverse a gritar.
El jueves, Santiago avisó que viajaría a Monterrey por una reunión urgente y que regresaría hasta el domingo. Camila sonrió apenas, pero Mariana alcanzó a ver el brillo de satisfacción en sus ojos.
Esa noche, el maltrato se volvió más descarado.
Mientras Mariana doblaba toallas en el pasillo, escuchó la voz de Camila dentro de la habitación:
—Ya me cansaste, Consuelo. ¿Crees que Santiago va a elegirte a ti? Él me tiene a mí. Tú eres una carga. Una vieja inútil que se aferra a una casa que ya no le pertenece.
Mariana se tapó la boca para no soltar un grito.
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