Le robé y me casé con el ex marido de mi hermana.

 
Y yo… sonreía para las fotos mientras por dentro pensaba:

“Bueno, listo. Ya está. Oficialmente soy la peor hermana del mundo.”



Una semana después, llegó el regalo.

Una caja.

Un ladrillo.

Y una nota:

“Para que te acuerdes de la primera piedra que tiraste.”

Lloré tres horas.

Porque tenía razón… pero no del todo.



La verdad es que lo amo.

Me hace reír. Me cocina pastas los domingos. Canta canciones horribles mientras lava los platos.

No es perfecto.

Pero es honesto.

Algo que, irónicamente, en esta historia… no todos fuimos.

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