—Yo escuché cuando usted le dijo que no se acercara al señor Ledesma porque podía arruinarle el negocio.
Los murmullos crecieron.
Renata, la novia, se acercó con el ramo en la mano.
—Sebastián, tú me dijiste que tu hermana prefería esta mesa porque se sentía incómoda con los empresarios.
—Era para evitar tensiones. Camila se toma todo personal.
Mauricio cerró la carpeta.
—No veo una confusión. Veo a una profesional a la que intentó esconder porque creyó que no tenía nada que ofrecerle.
—Es un asunto entre hermanos.
—La forma en que alguien trata a quien considera poco útil también es un asunto de negocios.
Durante ocho meses, Sebastián había buscado una inversión de Altavista para rescatar Nexora, su empresa de software. Había usado incluso la boda para sentar a Mauricio junto a posibles socios.
—Mi empresa es sólida —dijo—. No puede juzgarla por una diferencia familiar.
—No juzgo el proyecto. Juzgo el liderazgo de quien lo dirige.
Mauricio volvió hacia Camila.
—La conferencia de Monterrey recuperó la confianza de nuestros inversionistas en menos de cuarenta y ocho horas. La estrategia fue de ella. También detectó errores que habrían expuesto a Altavista a una demanda. No escribe “cositas”. Protege decisiones que valen millones.
La madre de Camila se llevó una mano al pecho.
—¿Tú hiciste todo eso?
—Sí, mamá.
—¿Por qué nunca nos contaste?
—Se los conté. Papá preguntó cuándo buscaría un trabajo de verdad. Sebastián se burló. Tú dijiste que ojalá algún día tuviera la estabilidad de mi hermano.
Su padre carraspeó.
—No entendíamos la importancia.
—Nunca intentaron entenderla.
Sebastián dio un paso al frente.
—Ya basta. Hoy es mi boda. No permitiré que conviertas esto en una venganza.
—Yo estaba dibujando con un niño. Tú me sentaste aquí.
Renata bajó lentamente el ramo.
—¿También mentiste cuando dijiste que Camila rechazó ser dama de honor?
Camila giró hacia ella.
—Nunca me lo propusieron.
—Me dijiste que ella estaba celosa de nosotros —dijo Renata.
—No es el momento.
—Es exactamente el momento.
La madre de Sebastián intervino:
—Por favor, no destruyan una boda por un malentendido. Camila, dile al señor Ledesma que tu hermano no tuvo mala intención.
Aquella petición le dolió más que la mesa. Su madre no le pedía a Sebastián disculparse. Le pedía a ella protegerlo.
Camila sacó la caja verde de debajo de la silla.
—Esto era para ti.
—¿La cafetera que te pedí?
—Sí.
—Déjala en la mesa de regalos y terminemos.
Camila sostuvo la caja contra el pecho.
—Me la voy a llevar.
El rostro de Sebastián cambió.
—Siempre te victimizas y luego actúas como si fueras superior.
—No soy superior. Solo ya no aceptaré que me trates como si fuera menos.
Renata se quitó el anillo.
—La ceremonia civil es mañana —dijo—. Esta noche era simbólica. Todavía estoy a tiempo de no casarme legalmente con alguien que humilla a su hermana, miente sobre ella y luego exige que lo salven.
—Estás reaccionando por presión.
—Estoy reaccionando porque por fin te vi sin el discurso preparado.
Le puso el anillo en la mano.
Sebastián se volvió hacia Mauricio.
—Hablemos en privado. Tengo contratos y clientes.
—Mañana informaré al comité que retiro mi recomendación de inversión.
—¿Por esto?
—Por lo que revela. Usted oculta, manipula y culpa a otros cuando pierde el control.
El padre de Camila golpeó la mesa.
—¡Puede hundir una empresa y dejar gente sin trabajo!
Mauricio no elevó la voz.
—La empresa ya estaba en riesgo. Su hijo buscaba inversión porque ocultó deudas y pérdidas a varios socios.
Sebastián quedó inmóvil.
—¿Qué deudas? —preguntó Camila.
Renata retrocedió.
—Me dijiste que Nexora estaba creciendo.
Mauricio sacó una hoja.
—La solicitud incluía estados financieros incompletos. Encontramos créditos personales, facturas vencidas y pagos hechos con dinero de la empresa.
Camila recordó las llamadas de Sebastián pidiéndole préstamos “para mover flujo”. También recordó que su madre le pidió dinero para un tratamiento dental de su padre, aunque después Sebastián viajó a Los Cabos.
—¿Usaste el dinero que te presté?
Sebastián evitó sus ojos.
—Era temporal.
—¿Y el dinero de mamá y papá?
Nadie respondió.
Mauricio le entregó la hoja. En la parte inferior aparecía una transferencia de 480 mil pesos desde una línea de crédito a nombre de Camila.
Ella sintió que se le helaban las manos.
—Yo nunca autoricé esto.
Sebastián intentó quitarle el documento, pero Mauricio lo detuvo con la mirada.
Camila examinó la autorización.
La inicial estaba inclinada. El segundo apellido tenía una curva que ella jamás hacía.
—Esta firma es falsa.
Su hermano ya no parecía arrogante. Parecía asustado.
Y Camila entendió que la mesa infantil solo había sido la entrada a una traición mucho peor.
¿Qué crees que debería hacer Camila después de descubrir que su propio hermano usó su nombre para mover dinero sin permiso?
PARTE 3
Camila sostuvo la hoja entre las manos.
—Falsificaste mi firma.
Sebastián intentó acercarse.
—Puedo explicarlo.
—Hazlo.
—Necesitaba demostrar liquidez para que Altavista aprobara la inversión. Iba a devolver todo en cuanto cerráramos el trato.
Mauricio habló con calma:
—La transferencia fue por 480 mil pesos. Salió de una línea de crédito abierta con documentos de Camila.
La madre se cubrió la boca.
—Sebastián, dime que eso no es cierto.
—La empresa tenía nómina, proveedores, veinte familias dependiendo de mí. Hice lo necesario para ganar tiempo.
Camila sintió que la vergüenza se convertía en una claridad fría.
—¿Cómo obtuviste mis documentos?
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