Pablo contrató a un investigador privado. En menos de dos semanas, Mariana obtuvo una prueba de ADN: Alejandro era el padre de Mateo con una probabilidad del 99.99 %. También descubrió transferencias mensuales a una empresa de Silvia por más de 18 millones de pesos y documentos para mover acciones del Grupo Cárdenas antes de solicitar el divorcio. Las cámaras ocultas registraron además a Alejandro prometiéndole a Mateo que toda la fortuna llevaría algún día su nombre.
Mientras reunía pruebas, Mariana comenzó a sentir náuseas. Compró tres pruebas de embarazo en una farmacia abierta toda la noche. Las tres marcaron positivo.
La confirmación médica llegó al día siguiente: seis semanas de embarazo, latido normal.
Mariana regresó a casa con el ultrasonido dentro del bolso. Alejandro estaba en la sala, y Beatriz sostenía a Mateo.
—Estoy embarazada —dijo.
El silencio fue inmediato.
Alejandro no sonrió. Miró primero a su madre y luego a Rosa, la empleada doméstica, que dejó caer una charola.
—Eso es imposible —respondió él.
—El médico confirmó el embarazo.
Alejandro tomó el ultrasonido, lo rompió y arrojó los pedazos al suelo.
—Durante cinco años pusimos anticonceptivos en tu leche. No podías embarazarte.
Mariana sintió que el piso desaparecía bajo sus pies.
—¿Qué dijiste?
—Lo necesario para impedir que tuvieras un hijo antes de que naciera Mateo. La familia solo necesita un heredero.
Rosa comenzó a llorar.
—Señora, yo creí que eran vitaminas. Doña Beatriz me daba los sobres.
Beatriz ni siquiera lo negó.
—No dramatices. Ahora abortas y todo vuelve a la normalidad.
Alejandro ya había agendado un procedimiento para la mañana siguiente. Le advirtió que no tenía dinero para escapar y ordenó al chofer llevarlos a una clínica privada de Santa Fe.
Pero Pablo había preparado otra salida. Una ginecóloga de confianza examinó a Mariana y emitió un informe médico que impedía cualquier intervención por alto riesgo de hemorragia. Alejandro tuvo que sacarla de la clínica sin conseguir lo que quería.
Esa tarde, Mariana colocó sobre el escritorio de su esposo un convenio de divorcio. Renunciaba a propiedades y acciones a cambio de 2 millones de pesos para su hijo, custodia exclusiva y la renuncia definitiva de Alejandro a todos sus derechos parentales.
—Firma —ordenó.
Él se burló hasta que Mariana mostró la prueba de ADN, los estados de cuenta y fotografías de los documentos financieros.
—Si no firmas, mañana todo llegará a los tribunales, a tus socios y a la prensa.
Por primera vez, Alejandro perdió el color del rostro. Pidió una noche para pensarlo.
Horas después, Pablo llamó a Mariana desde un número seguro.
—Alejandro piensa transferir mañana sus acciones a Silvia y declarar insolvente a la empresa. Si lo hace, tu convenio no valdrá nada.
Mariana regresó a la mansión a las 2:40 de la madrugada y entró al despacho. Alejandro estaba firmando la cesión.
Ella encendió la grabadora del teléfono.
—Dime otra vez cómo planeas dejar sin alimentos a tu propio hijo.
Alejandro sonrió, convencido de haber ganado, y comenzó a confesarlo todo sin saber que cada palabra ya estaba siendo enviada a la computadora de Pablo.
PARTE 3 Continua en la siguiente pagina