Al mediodía, Thomas la llamó 17 veces. A las 2 de la tarde, Solange le envió una foto de un carrito de compras abandonado frente a una caja registradora, con el mensaje: “Nos están haciendo quedar en ridículo”.
Marianne simplemente respondió: “Pensé que el cabeza de familia podía pagar”.
Por la noche, Thomas regresó a casa con aspecto pálido.
— ¡Has bloqueado mi dinero!
—¿Tu dinero? —preguntó Marianne.
Levantó la mano, pero la bajó al ver su serenidad.
Durante tres días, la casa olía diferente. Se acabaron las entregas a domicilio. Se acabaron las botellas carísimas. Se acabaron los taxis para Solange. Las facturas llegaban como cuervos.
Por su parte, Marianne continuó trabajando a distancia. Su superior, tras ser informado, le concedió protección interna y un abogado especializado.
Entonces, una tarde de jueves, mientras buscaba un contrato antiguo en el ordenador familiar, se topó con una carpeta oculta.
Apuestas deportivas. Crédito rotatorio. Mensajes a alguien llamado Elodie. Recibos de hotel. Transferencias de dinero.
Y sobre todo, una frase escrita por Thomas:
“Tiene que firmar pronto. Si Elodie lleva bien el embarazo, la casa será nuestra antes del verano.”
Marianne sintió cómo el suelo desaparecía bajo sus pies.
PARTE 3 Para obtener más información,continúa en la página siguiente