PARTE 2 Daniela se sentó en el sillón, pero no soltó el teléfono. Le temblaban tanto las manos que Mariana tuvo…

PARTE 2

Daniela se sentó en el sillón, pero no soltó el teléfono. Le temblaban tanto las manos que Mariana tuvo que sujetárselas. —Enséñame todo —le pidió. Arturo se levantó. —No hace falta que la metas en nuestros problemas. Daniela lo miró con una rabia que él nunca le había visto. —Tú me metiste, papá. La conversación había comenzado 5 días antes. Renata se presentó con una falsa amabilidad. “Hola, Dani. Tal vez tu papá ya te explicó que entre tu mamá y él las cosas terminaron desde hace tiempo. No quiero que pienses mal de mí.” Daniela no respondió. Entonces llegaron más mensajes. “Él está sufriendo mucho.” “Me dijo que tú eres madura y entenderías.” “Después de Semana Santa se irá a vivir conmigo.” “Cuando todo se calme, podemos llevarnos bien.” Mariana leyó cada línea sintiendo que alguien había entrado a su casa sin permiso y abierto todos los cajones. —¿Por qué no me dijiste? —preguntó. —Porque papá me buscó en la escuela al día siguiente —contestó Daniela—. Me juró que Renata estaba obsesionada, que él ya había terminado con ella y que, si tú te enterabas, te ibas a enfermar. Mariana giró lentamente hacia Arturo. —¿Fuiste a mentirle a nuestra hija a la puerta de su preparatoria? —Quería evitar una tragedia. —La tragedia eres tú —dijo Daniela. Arturo se llevó las manos a la cabeza. —Cometí una estupidez, pero no estaba planeando abandonar a nadie. Daniela deslizó la pantalla hasta otro mensaje. “Tu papá ya apartó el departamento. Tiene 2 recámaras, por si un día quieres quedarte con nosotros.” Mariana sintió un golpe en el estómago. —¿Qué departamento? Arturo guardó silencio. —Te hice una pregunta. —Solo estaba viendo opciones. —¿Con qué dinero? Él volvió a callar. Ese silencio fue suficiente. Mariana caminó hasta el mueble donde guardaban escrituras, recibos y documentos del crédito. Revisó carpetas, sobres y cajones. Arturo intentó detenerla. —No hagas un escándalo sin entender. —Entonces ayúdame a entender. Debajo de una póliza vieja encontró 3 avisos del banco. La hipoteca tenía pagos vencidos. También había un estado de cuenta de una tarjeta que Mariana no conocía: muebles, cenas, un anticipo de renta y transferencias mensuales a una cuenta terminada en 2841. —Debemos casi 90 mil pesos —dijo ella—. ¿Dónde está ese dinero? Daniela leyó el nombre del beneficiario. —Renata Salgado. Arturo se desplomó en una silla. —Yo iba a recuperarlo con un préstamo de la empresa. —¿Otro préstamo para tapar el primero? —preguntó Mariana—. ¿Pusiste nuestra casa en riesgo para amueblar la vida que querías con ella? El timbre interrumpió la discusión. Al abrir, Mariana encontró a una mujer de unos 30 años, con el cabello recogido y el maquillaje corrido. No parecía la amante segura que había imaginado. Parecía alguien que acababa de descubrir que también había sido engañada. —Soy Renata —dijo—. Necesito hablar con ustedes. Arturo apareció detrás de Mariana. —Vete de aquí. —No. Ya me cansé de obedecerte. Renata entró sin esperar invitación y dejó una bolsa sobre la mesa. Sacó una camisa azul, un reloj, unas llaves y varios recibos. Daniela reconoció el reloj de inmediato. —Ese se lo regaló mi mamá cuando cumplieron 15 años. Renata cerró los ojos. —Me dijo que era de su padre. Mariana no sabía si abofetearla o agradecerle que hubiera llegado. Renata abrió una carpeta. Dentro estaba el contrato de un departamento en la colonia Del Valle, firmado por Arturo como arrendatario y por ella como ocupante. —Me aseguró que ya vivían separados dentro de la misma casa —explicó—. Que solo dormía ahí para no afectar a Daniela. Dijo que Mariana ya tenía otra pareja. Arturo dio un golpe sobre la mesa. —¡Basta! Daniela brincó. Mariana se interpuso entre ambos. —No vuelvas a levantar la voz delante de mi hija. Renata sacó su celular. —Yo vine porque hoy, después de que canceló nuestra comida, hablé con un compañero de la oficina. Me contó que Arturo solicitó un crédito usando documentos de una propiedad que no está solo a su nombre. Mariana sintió que la garganta se le cerraba. —La casa está a nombre de los 2. —Por eso el trámite no avanzó —dijo Renata—. Pero él presentó una carta con tu supuesta autorización. Arturo se puso de pie de golpe. —Eso es mentira. Renata abrió una fotografía. Era una copia del documento. Abajo aparecía una firma parecida a la de Mariana, pero no era suya. —Falsificaste mi firma —susurró ella. —Solo era un borrador. —Un borrador con sello de recibido. Arturo miró hacia la puerta, calculando si podía irse. Daniela se colocó frente a ella. —Todavía falta algo —dijo Renata—. Yo también dudé de él, así que empecé a guardar audios. Anoche habló durante 6 minutos de ustedes, del préstamo y de lo que pensaba hacer cuando consiguiera el dinero. Puso el teléfono sobre la mesa. —Escúchenlo completo. Después decidan si quieren volver a verlo. Mariana presionó reproducir. La voz de su marido llenó la sala, tranquila y burlona, como si estuviera hablando de extraños. En los primeros segundos mencionó la casa. Luego se rio de Daniela. Y al final pronunció una frase que dejó a Mariana sin aire. Antes de que terminara el audio, ella ya sabía que esa noche Arturo no volvería a dormir bajo su techo. ¿Qué crees que dijo Arturo en esa grabación para que hasta su propia amante decidiera entregarlo?

PARTE 3                                        Para obtener más información,continúa en la página siguiente

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