PARTE 2 Lucía salió del salón antes de que partieran el pastel. No gritó. No aventó copas…

PARTE 2
Lucía salió del salón antes de que partieran el pastel. No gritó. No aventó copas. No buscó el micrófono para exhibir a nadie. Solo tomó de la mano a Sofía, recogió su suéter de la silla y caminó hacia el estacionamiento con el pecho ardiendo. La niña no lloró hasta que estuvieron dentro del coche. “¿Mi tío Andrés se va a enojar conmigo por irnos?”, preguntó. Lucía apretó el volante. “No, mi amor. Tú no hiciste nada malo.” Pero mientras manejaba por la carretera oscura, el celular empezó a vibrar una y otra vez. Era Andrés. Primero llamó. Luego mandó mensajes. ¿Por qué te fuiste? ¿Qué pasó con Sofi? Fernanda dice que hiciste una escena. Lucía se orilló frente a una tienda Oxxo, respiró hondo y le contestó. “No hice una escena. Me fui antes de hacer una.” Andrés sonaba molesto. “Fernanda dice que hubo una confusión con los menús, que tú exageraste porque no te gusta verla en la familia.” Lucía soltó una risa seca. “¿Eso dijo?” “Sí. Dice que la encargada se equivocó.” Lucía miró a Sofía dormida en el asiento trasero, todavía con su vestido durazno y el estómago vacío. “Te voy a mandar una foto. Mírala bien antes de volver a defenderla.” Envió la imagen de la hoja con la nota. Después envió otra donde se veía el lugar de Arturo Beltrán ocupando el espacio que antes era de Sofía. Andrés dejó de escribir. Pasaron 15 minutos. Luego llegó un mensaje: ¿Quién es Arturo Beltrán? Lucía no lo sabía. Esa noche, ya en casa, buscó el nombre en redes sociales. Lo encontró rápido. Arturo Beltrán era subdirector regional de la empresa donde Fernanda trabajaba. En sus fotos aparecía en comidas corporativas, eventos de lujo y conferencias de ventas. En una publicación reciente, Fernanda le había comentado: “Gracias por confiar en mi crecimiento profesional, licenciado.” Lucía sintió náuseas. A la mañana siguiente llamó a la hacienda. Pidió hablar con la coordinadora del evento, una señora llamada Patricia Sandoval. Al principio Patricia fue cuidadosa, pero cuando Lucía le mandó la foto, su tono cambió. “Señora Ramírez, le voy a decir la verdad porque no quiero que esto quede como culpa del personal.” “Dígame.” “La niña Sofía sí estaba contemplada en la lista original. Menú infantil completo. También estaba sentada cerca de la señora, en la mesa familiar.” Lucía cerró los ojos. “¿Y quién lo cambió?” “Tres días antes de la boda, la novia mandó un correo. Pidió retirar el menú de Sofía y mover ese lugar para el licenciado Arturo Beltrán y su esposa.” Lucía sintió que se le aflojaban las piernas. “¿Andrés estaba copiado en ese correo?” “No. De hecho, la novia pidió que no se le copiara al novio porque, palabras de ella, ‘se pone sentimental con su sobrina y no entiende prioridades’.” Lucía anotó cada frase. Le envió todo a Andrés: el nombre, el correo, la explicación de Patricia. Esta vez él no respondió rápido. Pasó casi una hora. Finalmente escribió: Voy a hablar con Fernanda hoy mismo. Lucía pensó que tal vez por fin entendería. Pero esa noche Andrés llegó a su casa pálido, con el traje arrugado, la corbata en la mano y una frase que le cambió la sangre: “Lucía… hay algo peor. Fernanda acaba de decirme por qué lo hizo.” Y lo que faltaba por saber era mucho más cruel que un simple plato de comida. Díganme la verdad: ¿creen que Fernanda actuó por ambición, por desprecio a Sofía o porque ya escondía algo más? La parte final cambia todo.
PARTE 3         Para obtener más información,continúa en la página siguiente

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