Parte 2 y final completo

—Marcus me prometió que se divorciaría de  ti. Me dijo que ya no te quería.

—Probablemente era cierto.

Mandy me miró, sorprendida por mi respuesta.

—Entonces, ¿por qué no luchaste por él?

Sonreí débilmente.

—Porque no quería pasar el resto de mi vida luchando por alguien que no quería quedarse conmigo.

Ella comenzó a llorar otra vez.

—Él me dijo que lo tenía todo preparado. Que después del viaje podríamos empezar una vida juntos.

—¿Y qué más te dijo?

Mandy vaciló.

Finalmente, susurró:

—Que tú nunca te atreverías a divorciarte porque dependías de su familia. Que aceptarías cualquier humillación antes que perder tu posición.

Por primera vez, sentí verdadera lástima por ella.

Marcus nos había mentido a las dos, aunque de maneras diferentes.

A mí me había hecho creer durante años que nuestro matrimonio todavía tenía arreglo.

A ella le había prometido un futuro construido sobre una vida que nunca había terminado de abandonar legalmente.

—Mandy, quiero preguntarte algo. ¿Sabías que la cuerda podía romperse?

Abrió los ojos.

—¡No! ¡Por supuesto que no!

La observé atentamente.

—Entonces, ¿por qué estás tan asustada?

Su rostro perdió el color.

Durante unos segundos, no respondió.

Después me pidió que me acercara.

—Antes del salto… vi a uno de los empleados hablando por teléfono. Parecía nervioso. Más tarde escuché que alguien había tenido problemas con el equipo.

Me quedé inmóvil.

—¿Se lo dijiste a Marcus?

—No. Pensé que solo estaban revisando algo rutinario.

Aquella información cambió todo.

El accidente podía haber sido consecuencia de un fallo técnico, pero también existía la posibilidad de que alguien hubiera ignorado una advertencia.

No era momento de hacer acusaciones sin pruebas.

Llamé al detective y le conté lo que Mandy acababa de decirme.

Él tomó nota inmediatamente.

La investigación debía continuar.

 

3. La herencia que nunca quise

Una semana después del accidente, recibí una llamada del abogado de Marcus.

Quería que acudiera a su despacho para revisar los documentos de la herencia.

Al llegar, encontré varios expedientes sobre la mesa.

—Según el testamento, usted es la principal beneficiaria de los bienes personales de su marido —explicó—. Sin embargo, debemos revisar las deudas, las obligaciones pendientes y las disposiciones legales aplicables.

Asentí.

Marcus había acumulado una fortuna considerable durante nuestro matrimonio.

Casas, inversiones, cuentas bancarias y participaciones empresariales.

Pero mientras el abogado hablaba, los comentarios aparecieron de nuevo.

«¡No puede ser! ¡Summer va a quedarse con todo!»

«La protagonista debería recibir esa herencia.»

«Tenemos que conseguir que Mandy demuestre que Marcus quería dejarle el dinero.»

Sonreí.

Aquello era absurdo.

No necesitaba que unos desconocidos decidieran quién merecía heredar los bienes de mi marido.

Tampoco iba a regalar mi parte por culpa.

—Quiero que revisen cada documento —le dije al abogado—. Si hay deudas, las resolveremos conforme a la ley. Si existen irregularidades, quiero que se investiguen.

El abogado asintió.

—Por supuesto.

Antes de marcharme, añadí:

—Y quiero que preparen los documentos necesarios para iniciar el divorcio legalmente, en la medida en que corresponda tras el fallecimiento de mi marido.

Me miró con sorpresa.

—Señora Meng, su marido ha fallecido. El procedimiento matrimonial tendrá que tratarse conforme a la legislación aplicable.

—Lo entiendo. Quiero cerrar todos los asuntos pendientes de nuestra relación.

Al salir del despacho, sentí que me quitaban un peso de encima.

Por primera vez, el dinero de Marcus no representaba una cadena que me ataba a él.

Era simplemente una cuestión legal que debía resolverse.

 

4. La verdad detrás de la cuerda

Dos semanas después, el detective volvió a llamarme.

La investigación técnica había encontrado irregularidades en el mantenimiento del equipo utilizado para el salto.

Los investigadores estaban revisando los registros de inspección y las comunicaciones internas de la empresa.

Un empleado había declarado que existían advertencias anteriores sobre una pieza del sistema, aunque todavía debían determinar si aquellas advertencias estaban relacionadas directamente con el accidente.

—¿Cree que alguien provocó la caída? —pregunté.

—Todavía no podemos afirmarlo. Estamos analizando todas las posibilidades.

Aquella respuesta era la única correcta.

No necesitaba inventar un culpable para sentir que mi vida tenía sentido.

Necesitaba saber la verdad.

El detective también me informó de que Mandy había confirmado su disposición a declarar cuando su estado de salud se lo permitiera.

Por primera vez desde el accidente, dejé de verla únicamente como la amante de Marcus.

Ella también era una testigo que podía ayudar a esclarecer lo ocurrido.

No nos convertimos en amigas.

No nos abrazamos ni prometimos empezar de nuevo.

Simplemente dejamos que la investigación siguiera su curso.

Y eso fue suficiente.

 

5. Los comentarios intentan cambiar el final

Una noche, mientras revisaba documentos en mi apartamento, las palabras volvieron a aparecer ante mis ojos.

«La protagonista está perdiendo el control de la historia.»

«Summer no puede quedarse con la herencia.»

«Si no conseguimos cambiar los acontecimientos, tendremos que crear otro final.»

Me quedé mirando la última frase.

Entonces escribí en una hoja de papel:

¿Quién eres?

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