parte 2Mi esposo cayó al río durante nuestra luna de miel… pero lo que salió del agua no era exactamente él

—Blackwater Gorge.

Esta vez sí hubo una reacción.

Una respiración fuerte.

—¿Qué has dicho?

—Estamos cerca de Gray Hollow. Una mujer logró sacarlo.

—¿Qué mujer?

—Martha Crowe.

Margaret no respondió.

—¿Doctora Hale?

—Claire, escúchame.

Su tono era completamente diferente.

—Sal de esa casa.

Miré hacia la ventana.

—¿Por qué?

—Sal ahora.

—Ethan está aquí.

—No importa.

—¡Claro que importa! ¡Es su hijo!

Silencio.

Entonces Margaret dijo:

—Ethan no debería haber regresado allí.

—¿Regresado?

—¿Está vivo?

Miré hacia la puerta cerrada.

—No lo sé.

—Claire.

—Su corazón no late. Pero abrió los ojos.

Margaret dejó escapar un sonido extraño.

—Dios.

—¿Qué está pasando?

—Necesito que salgas de ahí.

—No hasta que me lo explique.

—No puedo explicarlo por teléfono.

—Entonces inténtelo.

Escuché un golpe.

Venía de la habitación.

Me giré.

Otro golpe.

—Claire —dijo Margaret—, ¿Martha sigue con él?

—Sí.

—No entres.

—¿Por qué?

Otro golpe.

Más fuerte.

—Porque Daniel no es exactamente quien crees que es.

Me quedé inmóvil.

—Se llama Ethan.

Margaret tardó demasiado en responder.

—Sí.

Mi piel se erizó.

—¿Quién es Daniel?

Nada.

—Doctora Hale, ¿quién demonios es Daniel?

La línea chisporroteó.

—Era el nombre que le dimos al primer sujeto.

—¿Qué sujeto?

La puerta de la habitación volvió a golpear.

Martha gritó algo desde dentro.

No entendí las palabras.

Margaret habló rápido.

—Hace treinta y dos años, antes de fundar el instituto, formé parte de un equipo de investigación financiado por una empresa privada. Estudiábamos microorganismos extremófilos.

—¿En Blackwater?

—Sí.

—¿Qué encontraron?

—Algo que no supimos dejar en paz.

Otro golpe.

—Necesito algo mejor que eso.

—Encontramos organismos capaces de conservar tejido vivo sin oxígeno durante períodos imposibles.

Mi mente se detuvo.

—¿Está diciendo que Ethan…?

—No.

Pausa.

—Encontramos a Ethan allí.

Sentí que mis dedos se entumecían.

—¿Qué quiere decir con “encontramos”?

—Era un bebé.

Me reí.

No porque fuera gracioso.

Porque era absurdo.

—Un bebé no aparece en el fondo de un cañón.

—Lo sé.

—Entonces deje de—

—Estaba dentro del agua, Claire.

Silencio.

—Vivo.

Un golpe brutal sacudió la puerta. Retrocedí.

—Lo sacamos.

Margaret continuó.

—No tenía identificación. No había registros de niños desaparecidos que coincidieran. Nadie lo reclamó.

—¿Y usted lo adoptó?

—Finalmente, sí.

—¿Y durante treinta años nunca pensó contarle?

—Él sabía parte de la verdad.

—¿Parte?

—Sabía que había sido encontrado allí. No sabía todo.

—¿Qué es “todo”?

No llegó a responder.

El cerrojo de la puerta se abrió.

Martha salió.

Tenía sangre en las manos.

—Entra.

Colgué.

—¿Qué le ha hecho?

—Lo necesario.

Entré.

Ethan estaba sentado sobre la mesa.

Respirando.

Retrocedí.

—Ethan…

Sus ojos se

abrieron.

Negros.

Completamente negros.

—Claire.

Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.

Di un paso hacia él.

Martha me sujetó.

—No.

—Está vivo.

—No sabemos eso.

—¡Está hablando!

—También habló desde el fondo.

Ethan sonrió débilmente.

—Siempre tan amable, Martha.

Ella se tensó.

—¿Me conoces?

—Claro.

Me miró.

—Ella también me conoce.

—¿Quién?

—Mi madre.

Su voz sonaba igual.

Exactamente igual.

—Claire, necesito que escuches.

—No te acerques.

—Soy yo.

—Tu brazo.

Había una incisión cerca de su muñeca.

De ella no salía sangre.

Salía líquido negro.

Ethan miró laherida.

—Esto no significa lo que crees.

—¿Qué significa entonces?

Martha levantó una pequeña botella.

Dentro había líquido rojo.

—Le extraje sangre nada más llegar.

La agitó.

El contenido ya no era rojo.

Se estaba oscureciendo.

—A medianoche será completamente negro.

—¿Por qué?

—Porque Blackwater no mata de la manera que crees.

Ethan bajó de la mesa.

Martha levantó un cuchillo.

—Ni un paso más.

—Si quisiera hacerle daño, ya estaría muerta.

—Eso no me tranquiliza.

—No necesito tranquilizarte.

Me miró.

—Necesito que ella entienda.

—¿Qué?

Ethan respiró hondo.

—Nome caí.

No respondí.

—¿Qué has dicho?

—Salté.

Sentí algo parecido a una bofetada.

—¿Por qué?

—Porque tenía que volver.

—¿Volver dónde?

Ethan señaló vagamente hacia las montañas.

—Al agua.

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